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Aqui os dejo el capitulo 5 de Verdades Ocultas. Lleva como título El gran error. Como el título dice, el detective comete un error en su investigación. En mi opinión, me gusta como ha quedado este capitulo. Espero que también os guste. Abajo tenéis el link. Gracias.

Capitulo 5
Este es el capitulo 4. Lleva como titulo:  Capitulo 4: Otra muerte más. Como dice el titulo, se produce otra muerte inesperada del círculo de Victoria Perb. Espero que os guste. Si queréis leerlo, lo he subido a megaupload. Intento que de esta manera sea más fácil de leer. Abajo tenéis el link. Gracias. 
Aqui traigo el capitulo 3 de Verdades Ocultas. Es más corto que los anteriores. En este capitulo el detective Steve comienza a interactuar con más personajes de esta historia. Espero que os guste.


Capitulo 3: El último adiós envuelto en falsas lágrimas.

Laura abrió la puerta, interrumpiendo mi tranquilo sueño. Me quite el sombrero de la cara, dejándolo encima del escritorio. Ella estaba delante de mí con ambas manos pegadas en su cintura, en una posición de desacuerdo. Tenía el ceño fruncido. Iba a ser el momento de escuchar otra reprimenda más de las suyas. A veces su comportamiento era más similar al de una esposa que al de una secretaria. ¿Por qué seguía permitiendo que actuara de esa manera?
_ Se puede saber la razón por la que siempre acabas durmiendo en la oficina. No es bueno para tu salud seguir haciéndolo. _ Me reprimió.
_ No es de tu incumbencia lo que yo haga con mi vida._ Le reproche.
_ Jefe, me preocupo por tu salud. No puedes pasarte las noches durmiendo en la oficina._ Dejo caer sus brazos, relajándose._ Por lo menos podrías comprar un sofá. De esta manera no castigarías tu cuerpo con esa postura tan incómoda.
_ Si tanto te preocupas por mí ¿por qué no lo pagas de tu bolsillo?
_ Antes tendrías que subirme el sueldo._ Contesto a la defensiva.
_ Sabes que si no hay trabajo, no hay dinero que cobrar y por supuesto, no hay subidas de sueldo._ Le explique con toda lógica. En el mundo de los detectives a penas se podía encontrar trabajo ya que casi todos los robos, desapariciones se hacían cargo la policía. En algunas ocasiones, los clientes desilusionados aparecían llamando a mi puerta, o por el simple miedo a que la policía escarbase a fondo en sus vidas y descubriesen sus trapos sucios. Ahí era cuando la suerte me proporcionaba trabajo.
_ Ah, por cierto. Me he enterado de lo ocurrido. ¿Vas a ocuparte del caso?
_ Veo que las noticias vuelan a gran velocidad.
_ Ya sabes que no se puede esconder nada en esta ciudad. ¿Y bien?
_ Oficialmente el comisario Vegan es quien se ocupa del caso pero extraoficialmente…, ella estuvo dispuesta a contratar mis servicios por lo que no tengo ningún motivo que pueda impedirme resolver su crimen.
_ Además, sería beneficioso para el negocio si consigues encontrar al criminal. Podrías subirme el sueldo de una buena vez._ Comento ilusionada por sueño, tal vez, imposible de cumplir pero ¿quién iba a ser yo para decírselo?
Aterrizo de repente de su ilusión, y se volvió para salir del despacho pero se detuvo para brindarme una notica esperada.
_ Se me olvidaba comentarte que dentro de media hora se va a celebrar el entierro de la señorita Perb.
Me levanté apresurado. No podía permitirme el lujo de llegar tarde al evento donde todos los familiares y amigos o conocidos estaban presentes para despedirse de la persona que ya no se encontraba entre ellos. Y apostaría que entre todos los asistentes se encontraba el autor del crimen. Salí como alma que se lleva el diablo. Lo malo de las prisas, dejarte el sombrero olvidado.

Me encontraba alejado de la ceremonia, observando detenidamente a todas las personas que se encontraban en aquel lugar, derramando lágrimas por una pena fingida. Todas las personas más cercanas a Victoria Perb se hallaban en un mismo lugar para despedirse de ella o para asegurarse de su muerte. Adriana North, la camarera, lloraba afligida pero sus labios habían torcido una sonrisa de satisfacción. Sin duda, era la persona más falsa de todos los presentes. Por otro lado, entre tanto rostro desconocido podía hallar algunos conocidos. El hombre celoso de la otra noche, y por supuesto, mi viejo amigo John Vegan. De pie, delante del féretro. Seguramente se encontraba ahí por la misma razón.
Transcurrieron los minutos. El sacerdote dijo sus últimas palabras. Algunas personas dejaron caer rosas rojas sobre la madera al mismo tiempo que ésta era introducida dentro del inmenso agujero escavado recientemente. Se despidieron de ella con su recuerdo invadiendo sus mentes, tal vez malos o buenos, pero al fin y al cabo ella estaba presente. Después de terminar la ceremonia todos se acercaron a una joven dándole el pésame. Cabello achocolatado cuya largura caía sobre sus hombros. Ojos ámbar inundados por el brillo de la tristeza. El oscuro de su piel, increíblemente más oscura al de Victoria. Completamente distintas físicamente. Y sus personalidades… ¿tendrían puntos en común? No daba la impresión de mantener algún tipo de parentesco pero todos los presentes hacían cola para dedicarles su compasión. Lentamente, me acerqué a ella pero me detuve a poca distancia, esperando hasta encontrarla completamente sola. Momento que aproveché para realizar mi trabajo sin interrupciones.
_ Señorita, ¿Es usted familiar de Victoria Perb?
Afirmo con un leve movimiento de cabeza.
_ Hermana, era…, _ Sus palabras se atragantaban. Apenas podía pronunciarlas por la aflicción de su corazón._ … era su hermana pequeña._ Pudo decir al fin. Sus ojos comenzaron a derramar dos lágrimas que rápidamente seco con el pañuelo blanco que sujetaba en su mano_ ¿Quién es usted? _ Pregunto desconcertada.
_ Soy el detective Steve Mathews. _ Conteste con naturalidad.
_ Detective._ Repitió sin salir de su asombro.
_ Su hermana me contrató antes de morir. _ Le expliqué lo más breve posible. Omitiendo algunos detalles, por supuesto. _ Soy consciente de no ser un buen momento pero me gustaría hacerle algunas preguntas sobre su hermana. _ Intenté mostrar cierto remordimiento por presentarme de aquella forma, en un lugar como ese, y en aquel momento.
_ Preferiría hablar en otra ocasión.
_ Aquí tiene la dirección de mi despacho y el número._ Dije al mismo tiempo que sacaba una de las ciento de tarjetas que guardaba en uno de los bolsillos del interior de la chaqueta. _ Me vendría muy bien su colaboración._ Se la ofrecí cortésmente.
La cogió indecisa, puede que su verdadera intención fuese no hablar sobre ella. Cuando la sostuvo entre sus dedos, la miro fijamente durante un breve segundo. Después, levanto la mirada y se alejó del lugar al mismo tiempo que yo hacía lo mismo.

Abrí la puerta de mi coche, aparcado justo enfrente, entre dentro. Antes de arrancar una pareja capto mi interés. Estaban discutiendo, ocultándose al lado de un coche para no llamar la atención de los presentes. Solo podía ver el rostro del hombre. Alto y corpulento, de cabello despeinado del color de la oscuridad. A él se le podía ver con claridad, pero a la mujer no puesto que se encontraba dándome la espalda. Mantenían una discusión al rojo vivo hasta que la mano de ella le cruzó el rostro para dar por finalizada la discusión. Se volvió, alejándose a grandes pasos de aquel hombre que llevó su mano a su mejilla sin dejar de mirarla con recelo. Lo más inquietante no fue el motivo de esa discusión, sino quién era esa mujer. Estela Valls. Una mujer inesperada. Nunca imaginé encontrármela en la ceremonia pero más aún cuando ésta finalizó.
Esta incógnita me ardía por dentro. No podía quedarme ahí como un mero espectador. Y ante la oportunidad presentada, ¿cómo la iba a desaprovechar? Rápidamente, bajé del vehículo y caminé sigilosamente, acercándome a ella mientras las pocas personas que aún quedaban despidiéndose de Victoria, se marchaban. Estela se encontraba enfrente de la tumba, observándola fijamente y en completo silencio. Me acerque por detrás, poniéndome a su derecha. Volvió la mirada hacía a mí, no hallé ni una pizca de sorpresa en su mirada, como si lo hubiese supuesto. No dijo nada. Se volvió ante la tumba, para seguir observándola.
_ Podría llegar a pensar que me está persiguiendo, detective. _ Comento ciertamente molesta por mi presencia.
_ Puede que se trate de eso ¿No cree usted? _ Conteste intentando ocultar la verdadera intención tras palabras llenas de burla.
Volvió nuevamente la mirada, torciendo en sus labios una sonrisa sarcástica. De algún modo, demostrándome que ella también podía participar en el juego de evadir preguntas.
_ No puedo evitar preguntarme la razón que la ha motivado para venir. Sé perfectamente la relación que os unía._ Le expliqué, afirmando las sospechas que tenía acerca de ella.
_ Solo quería despedirme de ella. ¿A caso eso es un crimen?_ Pregunto con sarcasmo.
_ Siento curiosidad por saber quién es el hombre con el acaba de discutir. _ Le dije indirectamente, intentando que no pareciese una pregunta.
_ ¿Un novio celoso? ¿Mi marido? ¿Un ex? O quizá un viejo amigo. ¿Por qué no me lo dice usted?_ Jugaba conmigo. Y por alguna extraña razón, conseguía incitarme a seguir.
_ Dudo mucho que se trate de un viejo amigo por lo que optaré por un amante, no, ¿por qué no decir que se trata del mismo señor Roswell?_ Volvió la mirada hacía mí. Sus ojos se abrieron como platos por la sorpresa. Había acertado y a la primera.
_ ¿Cómo…?
_ Solo hay dos motivos por los que se abofetea a un hombre, por una ofensa o por resentimiento.
Borró esa expresión de su rostro para dejar salir la más bella de las risas. Cándida y suave como una brisa veraniega. Incluso parecía iluminarse el cielo con ese sonido tan magnífico. Hasta que ese sonido se apago para hacer nuevamente hincapié en el silencio.
_ Ha conseguido sorprenderme, detective.
_ Puede llamarme Steve.
_ Ha acertado en todo pero aún así se equivoca en una sola cosa. La razón por la que Victoria y yo no nos llevásemos precisamente bien no fue Javier Roswell._ Hizo una pausa de tan solo dos segundos._ Ella y yo nos criamos juntas. Siempre fuimos grandes amigas pero las diferencias entre ambas solo consiguió agravar lo que era inevitable. Le gustaba jugar con las personas._ Suspiró ciertamente afligida._ Nunca pensé que el mismo día de mi regreso iba a ser su último día._ Volvió hacer una pausa. Levantó la mirada al cielo que comenzaba a oscurecerse._ Puede que aparentemente yo fuese la que más motivos tuviese para matarla pero aún hay otras personas que estaban más interesadas en su muerte. Más personas que saldrían beneficiadas._ Agacho la cabeza y se volvió, dándole la espalda a la lápida._ Si me preguntase quien tendría motivos en matarla, aparte de mí, no podría contestarle. Ese es su trabajo. Encontrar al criminal. _ Por alguna razón conocía todas mis preguntas._ La noche de su muerte me encontraba en el local, sentada en una de las mesas, esperando a una cita que no se presentó. Sé perfectamente que usted puede verificar mi coartada, entonces tendría que hacerse la siguiente pregunta… ¿cómo pude matarla estando en el otro lado de la ciudad? No soy de las que puedan dividirse.
_ Pero seguro que podría facilitarme algunos nombres de sospechosos. Al fin de cuentas, como ha dicho, se había criado con la víctima._ Le repetí.
_ Todos aquellas personas que se codeaban en su mismo círculo son sospechosas. Javier Roswell, Albert, Melinda Perb, Adriana North, Dave Jones…. Con su muerte, muchos saldrían beneficiosos, incluido el mismo comisario John Vegan.
_ ¿El comisario John Vegan? _ Quedé impactado ante ese nombre. ¿Un sospechoso? ¿Qué tenía que ver en esta historia?
_ Tuvo un pequeño romance con Victoria aunque no duró demasiado puesto que ella se canso de él, como siempre. Cómo ya le he comentado, le gustaba jugar con todos los hombres, y el comisario no fue ninguna excepción. _ Supo que responder sin necesidad de realizar la pregunta._ Seguramente usted iba a ser el próximo en su lista de amantes desafortunados._ Explico con cierta burla en el tono de su  voz._ Si me perdona preferiría volver a casa para descansar._ Se dispuso a caminar, alejándose a cada paso para mantener una distancia entre ambos.
Mientras escuchaba sus pasos silenciarse a causa de la distancia, yo no podía evitar preguntarme la razón de pronunciar ese último nombre. ¿John Vegan, sospechoso? ¿Podría ser cierto lo que Estela Valls dijo? Pero aún así, oficialmente se estaba encargando del caso. Lo que suponía un gran inconveniente.

Regresé a mi oficina, necesitaba descansar y pensar con tranquilidad. La lista de sospechosos se había alargado considerablemente. Ya no solo se trataba de buscar a un sospechoso cualquiera. Todos ellos tenían motivos para asesinarla. Ahora se planteaba la siguiente cuestión ¿quién tuvo la oportunidad? Todos la odiaban o guardaban algún que otro resentimiento. Esa teoría solo dificultaba la investigación. Tantos sospechosos con suficientes motivos. También cabía preguntarse ¿quién tuvo el impulso de manchar sus manos de sangre?
Me acerqué a mi secretaria para ver si había algún recado. Estaba sentada en su pequeña mesa de madera, limándose las uñas como de costumbre. Pero por lo menos estaba ahí para darme cualquier mensaje o recado recibido.
_ ¿Algún mensaje?
_ La señorita Melinda Perb se encuentra en su despacho.
No me sorprendía del todo su visita. En el mismo instante que ella cogió la tarjeta que le ofrecí, supe que estaba dispuesta a hablar. Aunque, para ser sinceros, pensaba que iba a tardar un poco más de tiempo en verla aparecer tras la puerta. Seguidamente entre en mi despacho colgando la chaqueta en el perchero, me acerqué a mi escritorio donde me senté. Enfrente de ella, cara a cara.
_ Pensaba que iba a tardar en visitarme pero me equivoqué.
_ Sinceramente, he dudado en venir. Pero usted fue contratado por mi hermana antes de morir, y es por esa misma razón que le pido que averigüe quién fue su asesino._ Dejo escapar un leve suspiro de su boca._ No sé en quién debo confiar._ Daba la impresión de estar aterrorizada. Seguramente la idea de ser la siguiente en la lista no le provocaba mucha tranquilidad.
Debía comenzar con las preguntas sin incomodarla. Si llegase a ese estado, solo significaría el fin.
_ ¿Cómo se llevaba con su hermana?
_ Cómo todas las hermanas teníamos nuestras pequeñas diferencias pero cuando era necesario nos defendíamos y nos protegíamos con uñas y dientes. Era la única que en verdad quería y conocía muy bien. No era tan mala persona, como me imagino que ya habrán comentado de ella._ La palma de sus manos estaban extendidas encima de su falda hasta que comenzó a agarrar la tela con fuerza._ En algunas ocasiones resultaba ser una víbora, y más a la hora de conquistar a los hombres. Pero todo empezó como un juego. Lo que en principio pretendía era darle celos al único hombre del cual estaba únicamente enamorada._ Le dolía hablar de ella, sin embargo, intentaba aparentar una fortaleza de la que carecía._ Después de que le dejara, ella descubrió su infidelidad cuando aún estaban juntos. Fue aquella razón por la que el círculo de amistades se rompió. Creo que descubrir aquello solo la perjudico._ Murmuro con cierta dificultad en sus palabras._  Su dolor llego hasta el punto de seducir a Javier Roswell aún conociendo los sentimientos de su mejor amiga, Estela Valls. Al comenzar esa breve relación con él solo consiguió romper su gran amistad. Pero eso a ella no le importo._ Soltó la tela de su falda._ Después aquella situación siguió jugando con él, y después con otros hombres importantes y poderosos provocando aún más los celos de su único hombre.
_ ¿Piensa qué ese hombre pudo…?
_ Estoy segura que ha sido él, aunque, también podría señalar a Estela Valls o cualquiera de los hombres con los que estuvo liada._ Contesto con firmeza y seguridad._ Le repito que se codeaba con hombres poderosos e influyentes. Ellos también pueden haber sido su asesino._ No le tembló la voz a la hora de acusar a esas dos personas.
_ ¿Está completamente segura de lo que me está diciendo?
_ Sí._ Contesto sin vacilación.
Me acomodé en la silla. Saqué uno de los cigarrillos de la pitillera que guardaba en el interior de la chaqueta. Cuidadosamente cogí uno de los diez cigarrillos que quedaban dentro, al mismo tiempo que le ofrecía a la dama, pero ella negó con un simple movimiento de cabeza. No consideré si le molestaba, solo lo encendí y comencé a saborear cada una de las caladas. Era el momento de comentar algunos detalles de la escena. Eran desagradables, sí, pero necesarios para motivarla a facilitarme cualquier detalle importante para resolver este gran enigma. Ella era la persona más cercana a la víctima, y por lo tanto, debía conocer los detalles escabrosos de ésta última. Solo ella podía indicarme el camino a seguir.
_ La policía encontró un anillo de compromiso junto a…_ Debía escoger la palabra más indicada._ … su hermana.
_ Un anillo de compromiso._ Repitió intrigada.
_ ¿Estuvo alguna vez prometida?
_ Imposible. Ella odiaba la idea del compromiso. Dudo que alguna vez hubiese estado decidida a dar ese paso. _ Levanto la mirada pensativa._ Ahora que lo pienso…, puede que algunos de sus pretendientes se lo pidiese. Aparte de eso, dudo bastante que ella hubiese aceptado casarse con otro hombre que no fuese Albert.
_ ¿Conocía bien a Victoria?_ Incidí en la pregunta._ ¿Está completamente segura que conocía bien a su hermana?
Sus ojos se abrieron ante la incomprensible pregunta.
_ No entiendo a donde pretende ir a parar pero…, sí, conocía a mi hermana. ¿Cómo no la iba a conocer?_ Su tranquilidad comenzaba a transformarse en rabia._ ¡Cómo no la iba a conocer si éramos hermanas!_ Exclamó alterada.
_ Entonces, podrá decirme la razón por la que iba a desaparecer de la ciudad._ La mire fijamente a los ojos intentando hallar cualquier otra emoción que no fuese la sorpresa que aún seguían vigentes en su mirada._ Y a dónde tenía pensado ir.
_ Imposible. Ella nunca…, no puede ser que... _ Replico mientras torcía una sonrisa nerviosa. _ Ella hubiese sido incapaz de abandonar su club, era su sueño. Abandonar su club, su sueño,… nunca lo hubiese hecho. _ Repitió. De improviso se levantó de la silla._ Si quiere más respuesta yo no soy la más indicada para darselas._ Se volvió dándome la espalda y comenzó a caminar hacia la puerta._ Gracias por atenderme._ Abrió la puerta y desapareció de mi vista tras cerrarla.
Apagué el cigarrillo consumido en el cenicero. Lleve ambas manos detrás de mi cabeza, levantando la mirada hacia el techo. No podía dejar de pensar en todos los detalles que rodeaban el crimen. En esta historia habían demasiados ingredientes. Desde celos hasta resentimiento. Y los personajes que la integraban cada vez resultaban más complejos. Un amante celoso. Una vieja amiga resentida por su engaño. Una camarera que parecía estar al tanto de todo. Un hombre con el que formaban un triangulo amoroso. Y por supuesto, el comisario también estaba involucrado en este maldito misterio. Por el momento, todos poseían motivos suficientes para arrebatarle su vida, aunque en verdad ninguna razón es suficiente para cometer tal acto inhumano. Esto solo había hecho comenzar.
Cogí el periódico que estaba enfrente de mí, seguramente Laura lo había dejado ahí desde una hora temprana. Comencé a leer hasta que mis ojos se guiaron por lo inesperado. Una noticia que solo consiguió abrirme aún más los ojos. Un artículo cuyo título decía: Tras la muerte de la dueña del “The Victoria´s saloon” su hermana y única familia heredará todas sus pertenencias, poseyendo así una de las fortunas más envidiadas y más deseadas de toda la ciudad. Al terminar de leer aquellas palabras me vino a la mente lo que Estela Valls me dijo en el cementerio: “Con su muerte, muchos saldrían beneficiados No se equivoco en eso. Ahora, Melinda Perb también era candidata a ser sospechosa. Una buena razón, la herencia. Puede que sus palabras fuesen sinceras cuando dijo que ella quería a su hermana a pesar de ser como era pero cuando el dinero se interpone entre dos personas da lo mismo si se es familia, porque a fin de cuentas, el dinero puede ser un motivo para matar. Odio, celos, despecho, resentimiento y dinero. Todo va a parar a un mismo fin, la muerte.
Dejé el periódico encima de mi mesa. Me levante de la silla, y mientras me dirigía hacia la puerta cogí el sombrero y la chaqueta. Salí del despacho y seguí caminando para salir de la habitación, pasando por al lado de mi inusual secretaría. Aún seguía limándose las uñas.
_ ¿No tienes otra cosa que hacer?
_ No, jefe. _ Ni siquiera me contesto mirándome a los ojos.
Suspiré cansado de su vaga actitud. Había días que se levantaba productiva pero en otros días resultaba ser la persona más vaga que había conocido en la vida. Se podía acumular un montón de papeles en su escritorio durante días y ella seguiría perdiendo el tiempo sentada sin hacer nada más.
_ Me voy a casa, le sugiero que haga lo mismo.
_ ¿Para qué jefe?
Después de aquella contestación salí del edificio acercándome a mi coche en el cual me subí y desaparecí rápidamente como si el propio viento me estuviera empujando para deshacerme de mí inmediatamente.

Iba conduciendo por la carretera desierta ya que apenas había alguien lo suficiente loco como yo para estar enfrente del volante de un vehículo motorizado a altas horas de la noche. Llegué al edificio donde se encontraba mi apartamento, aparque el vehículo delante del edificio, bajé y entré por la puerta principal, dirigiéndome a los ascensores. Subí a la séptima planta, mientras escuchaba la cancioncilla que todo ascensor tenía para entretener a los clientes, hasta que el ascensor abrió sus puertas dejándome salir al pasillo. Me quedé quieto al observar a una mujer de pie, apoyada de espaldas en la puerta de mi apartamento. Seguí caminado hacía ella dejando que escuchase cada uno de mis pasos. Cuando la distancia entre ambos se acortó, ella volvió la cabeza para dedicarme su mirada castaña, entonces reconocí a esa mujer, era Estela Valls. Su presencia no indicaba ser una visita cordial, sino más bien todo lo contrario. ¿Qué motivos la obligaron a buscarme? De alguna manera su presencia conseguía descolocarme. Nunca me hubiese imaginado encontrármela ahí, tan serena y tranquila, sin temor a que yo descubriese lo que ella tan ansiosa deseaba ocultarme. Ahora comenzaba la segunda ronda del juego que ambos habíamos iniciado en nuestro primer encuentro.
_ Señorita Valls, no esperaba encontrarme con usted en mi dulce morada. ¿Debería pensar que me ha encontrado por casualidad?
_ Usted y yo sabemos que no es así. Si tanto le interesa le diré que soy una vieja amiga del comisario. Y por supuesto, me ha facilitado su dirección. Espero no ser inoportuna._ Sabía por su tono de voz que disfrutaba ante mi sorpresa. Nunca había pensado que ellos podían ser viejos amigos. Las sorpresas caían lentamente como gotas de lluvia. Cada vez más inesperadas e impactantes.
Introduje la llave en la cerradura, seguidamente empuje la puerta con una sola mano al mismo tiempo que le indicaba cortésmente que entrase al interior de mi casa. Cuando ella cruzó el umbral, yo la seguí, y cerré la puerta para evitar cualquier imprevisto. En esta ciudad, los vecinos podían resultarte de lo más traidores. Si alguien deseaba ocultar su secreto, antes debía ocultárselo a su vecino. Ese siempre ha sido el problema de vivir en bloques de apartamento.
_ Póngase cómoda._ Le sugerí educadamente, indicándole con la mano el lugar donde se podía sentar.
Ella se sentó en el sofá, mientras que yo me dirigí hacía mi pequeño bar donde me serví una copa. Ella se reflejaba a través del cristal de las botellas. Me miraba con una serenidad salvaje. Esa forma de mirarme me cortaba la respiración. No sabría definir lo que en ese momento sentí sin utilizar otra palabra que no fuese atracción.
_ ¿Desea tomar algo?_ Pregunté intentando colocarme en el lugar que me correspondía. Ella era mi sospechosa y yo el detective que buscaba sus trapos sucios.
_ Vozca, si tiene._ Contesto con indiferencia.
_ ¿Le parece bien algo más fuerte?_ No esperé respuesta suya, solo le serví lo mismo que iba a beber, un whisky doble. Me volví hacia ella con ambas copas en cada mano. Mientras nuestra distancia se reducía en cada paso ella seguía mirándome. Cuando llegue, le ofrecí la copa. En cambio, yo solo me quede enfrente de ella, a tan solo dos metros de distancia. Intentando disimular que esa atracción no era existente.
_ ¿Y el motivo de esta extraña visita?
_ Quiero ser franca con usted.
_ ¿Por qué motivo?
_ ¿Qué le puede motivar a una persona ser sincera?_ Pregunto con cierto sarcasmo._ En esta vida, la sinceridad solo llega en el lecho de muerte con el fin de concienciar su alma antes de morir o por expiar las culpas guardadas en el corazón. ¿Creé usted que mi sinceridad es a causa de uno de estos dos motivos?_ Torció una sonrisa en la comisura de sus labios. _ No se trata nada de eso. Solo quiero ayudar a encontrar a su asesino por los viejos recuerdos. Solo por el mero recuerdo que una vez compartimos.
_ Algo me dice que el motivo no son por los viejos recuerdos._ Le fui sincero.
            _ Me ofende, detective._ Dijo con cierto dolor en su voz pero en su mirada se hallaba la diversión. Estaba disfrutando de todo lo que nuestros labios pronunciaban.
            _ Le recuerdo que la noche en la que murió Victoria Perb ambas mantuvieron una conversación descortés. Podría decir que el odio se reflejaba en cada una de vuestras palabras, así que no me venga que se encuentra aquí para ayudarme a capturar a su asesino._ Este era un juego que ella no podría ganar con tanta facilidad.
            _ No le pienso preguntar cómo lo sabe._ Se acomodó en el sofá, cruzando las piernas con suma elegancia y sofisticación._ Es cierto que aquella noche nos dijimos varias palabras duras pero no por ello debe considerar mi presencia como una falso acto de humildad._ Sus palabras parecían ser sinceras o sabía actuar demasiado bien._ Le vuelvo a repetir que fuimos amigas durante bastante tiempo y es por esa misma razón que he tomado la decisión de venir hasta aquí.
_Cada vez consigue sorprenderme más.
_ Me alegra oírlo. _ No estaba nerviosa sino al contrario, una gran serenidad reinaba en su cuerpo y parecía estar muy segura de lo que iba a hacer.
_ ¿Por qué no empieza desde el principio?
_ Victoria y yo siempre mantuvimos una buena amistad, desde que éramos niñas. Pero esa situación cambió cuando ella conoció a Albert, el hombre que la volvió completamente loca. Por aquel entonces, yo estaba prometida con Javier Roswell._ Sujetó la copa con ambas manos en el mismo momento que agachaba la mirada, tal vez para ocultar sus emociones._ Éramos tan felices por aquel entonces. Nos confesábamos todo lo que sentíamos por nuestros respectivos hombres pero en el mismo instante que descubrió su infidelidad decidió vengarse. Por culpa de su despecho traicionó lo que nunca supo valorar._ Acercó la copa a sus labios. No bebió, solo mantuvo el borde de cristal rozando su delicada comisura._ Solo basto una noche para sentirme traicionada. Necesite bastante tiempo para eliminar de mi mente la imagen de los dos en la cama. Después solo consiguió empeorar las cosas._ Levantó la mirada._ Supongo que por comprender sus verdaderos sentimientos abandonó a Javier Roswell. Pero sus celos solo la cegaron. Y surgió toda una lista de amantes._ Al fin bebió un leve sorbo. Sus labios se mojaron con el líquido._ Un claro ejemplo de hasta donde llegó fue Fran Jones. La pretendía pero ella lo rechazaba constantemente porque no se trataba de su juego. Ella debía de seducir no de ser seducida. Y si me pregunta quién es este sujeto le diré que se trata del actual marido de la señora Adriana North.
_ Señora Adriana North_ Repetí asombrado. _ Estas hablando que uno de los amantes fue el marido de su amiga, ¿estando aún casados?
_ A ella no le importaba la amistad. Y si realmente me está preguntado si ella lo sabía, le puedo asegurar que no lo sé._ Se encogió de hombros._ Adriana puede ser una persona sorprendentemente reservada cuando le oportuna._ Volvió a darle otro sorbo a la copa sin dejar de mirarme con aquellos ojos. Sentía como si me arrastrasen hacia un desierto. Una sensación que comenzaba a ser pesada._ Y como le dije con anterioridad, en esta historia hay demasiados enemigos motivados por la misma razón. Espero que comprenda que no soy la única sospechosa de esta novela de misterio._ Se levantó acercándose, me devolvió la copa que le había ofrecido._ La camarera más fiel puede resultar una arpía cuando de humillación e infidelidad se trata. ¿Nunca le pregunto la razón por la que se encuentra trabajando en el club?_ Sonrió sorprendida._ Su marido malgasto todo su dinero en los caprichos de Victoria cuando ella optó por aceptar todas sus ofrendas, consiguiendo así todo lo que deseaba. Celos, joyas, ropa de alta calidad…, todo lo que una mujer caprichosa quiere en sus manos. Ella les arruinó económicamente. Y supongo que le ofreció trabajo de camarera para sentirse mejor o para seguir humillándola en completo secreto. Así era ella._ Se dió la vuelta, dándome la espalda._ Una mujer despiadada._ Se quedó rígida un instante._ En esta vida lo que más importa carece de sentido para aquella persona que ha perdido su corazón. El animal más indefenso se puede volver un animal salvaje con tal de conseguir lo que más desea, ya puede ser una simple venganza o alcanzar la cumbre más alta. Da igual si se trata de dinero, poder, amor, fama…, a veces podemos resultar similares a esos animales por nuestro comportamiento más oculto._ Seguidamente se acercó a la puerta abriéndola pero pronto se detuvo volviendo la mirada hacía donde yo estaba que aún permanecía inmóvil observándola._ Ya nos veremos detective._ Se volvió de nuevo pero esta vez salió definitivamente del apartamento dejándome solo con las dudas que navegaban en mi mente sin rumbo fijo, sin rumbo a la verdad.
Aquella visita me desbloqueó ya que sospechaba de ella principalmente y por alguna razón, por su extraña visita voluntaria, me encontraba opinando lo contrario. La mayoría de las piezas no encajaban en el puzles pero pertenecían y sabía perfectamente que la muerte de la mujer no fue por celos sino por venganza o por herencia, también podía estar en respuestas erróneas pero por el momento no estaba seguro de nada, apenas estaba seguro de la validez de su información ya que apenas sabía si aquello era verdad o una mentira piadosa para desviarla como sospechosa. Pero había varias preguntas que rondaban por mis pensamientos más profundos ¿Cuál era la razón más oculta por la que la señorita Valls me visitó dándome cierta información? ¿Por qué razón me lo contó de manera que pudiera sospechar de ella también? ¿Adriana North descubrió la infidelidad de su marido? ¿Por qué  extraña razón ella me habló de lo sucedido con la víctima? ¿Acaso quería que supiera toda la verdad para después compadecerme de ella? Tantas preguntas sin apenas conseguir hallar respuestas. Y es que nada estaba claro sino al contrario, todo lo que sucedía y con cada persona que hablara me confundían más los hechos. Pero ante tantas preguntas solo había una que debía responder ante todo ¿quién tuvo coartada?
Me acerqué al sofá, dejando caer mi cuerpo encima. Levanté la mirada al techo, pensando en todas las personas que se encontraban en el club en la noche de su muerte. Adriana North estaba trabajando en la barra, y por supuesto, Estela Valls se hallaba en ese momento sentada en una de las mesas del fondo. Descartando a esas dos personas, aún quedaban algunos nombres en la lista de sospecho. El día siguiente sería el momento de empezar a descartar nombres, hasta que solo quedase uno. En eso consistía el juego.

Este es el segundo capitulo de Verdades ocultas. Espero que os guste.

Capitulo 2: El comienzo de la investigación.
 A los pocos minutos el club estaba abarrotado de numerosos agentes de policía con sus brillantes placas y sus armas sin disparar. Ninguno de ellos tenía la perspicacia necesaria para encontrar una huella, y mucho menos de encontrar a una persona, como era el caso. Al fin de cuentas se trataban de unos ineptos vestidos de uniforme, aunque debo admitir que a veces pueden llegar a sorprenderte gratamente. No estaban solos, el comisario y viejo amigo, John Vegan les acompañaban para ayudarles con la investigación. Estaba apoyado contra la pared, al lado de la puerta, observando como el viejo comisario entraba en el camerino con aires de superioridad. Me daba la espalda pero eso duro muy poco. Se volvió para brindarme su cínica sonrisa.
_ Me alegro de verte, viejo amigo._ Saludo cortésmente, aunque el significado oculto de sus palabras expresase todo lo contrario. Me habría bastado escuchar: “¿Qué demonios haces aquí?” para comprender la falsedad de su comportamiento. No me tragaba, y a mí me sucedía lo mismo con él.
_ No puedo decir lo mismo._ Conteste con burla.
_ ¿Y qué te trae por aquí?_ Pregunto haciendo hincapié en mi presencia. _ No deberías estar husmeando en un simple caso de secuestro. No hay crimen con el que puedas regocijarte y dudo mucho que la señorita Victoria Perb te haya contratado. _ Explico basándose en su absurda teoría. No había estado ni dos minutos dentro de la habitación, para concluir que solo se trataba de un secuestro. ¡Hasta un niño pequeño hubiese deducido esa absurda idea!
_ ¿De verdad piensas que se trata de un secuestro?_ Pregunte con sarcasmo._ Yo diría que estás equivocado pero…_ Solté una breve risita de superioridad. Él no era tan listo como se pensaba y la prueba estaba en todos aquellos casos que él consiguió resolver a mi costado, cuando éramos compañeros.
_ Si tienes una hipótesis… ¿por qué no la compartes conmigo?_ Sugirió.
Me encogí de hombros. No iba a perder nada por darle un par de historias. Lo más que podía conseguir era su risa despreciativa y después acabar riéndome yo de él. Ese era un círculo vicioso que disfrutábamos como unos niños pequeños.
_ Si hubiese sido un secuestro… ¿Por dónde crees que habrían entrado?
_ Dímelo tú._ Contesto evasivamente.
_ Este club solo tiene dos puertas que dan al exterior. La entrada, por la cual dudo mucho que entrasen ya que no hubiesen pasado desapercibidos por una camarera, una dama sentada en una mesa del centro cuya vista estaba centrada en el pasillo que dirige al camerino y por un detective que se encontraba, casualmente, sentado en la barra.
Levantó la ceja extrañamente sorprendido por revelarle que me encontraba en el lugar y en el momento equivocado.
_ ¿Y…?_ Insistió impaciente.
_ Solo podían haber entrado por una puerta, y suponiendo que se trataban de dos personas._ Señale la única puerta del camerino._ Esa puerta lleva al exterior y como se puede apreciar a primera vista no ha sido forzada. Solo pudo entrar estando la puerta abierta o siendo invitado por la víctima.
_ Pudo haberse dejado la puerta abierta._ Contestó divertido.
_ Entonces, ¿por qué volvió a cerrar la puerta?_ Conteste dejando salir mi lado sarcástico._ Como puedes observar todo ha sido revuelto, aparentemente a causa de un forcejeo, cerrando la puerta tras su marcha como haría rutinariamente.
_ ¿Está sugiriendo que todo ha sido preparado? No me haga reír._ Soltó con cierta burla aunque había un poco de recelo en su voz. Seguramente no quería admitir que yo tenía razón.
La joven camarera que escuchaba la conversación desde el pasillo entro al camerino para confirmar mis sospechas.
_ La señorita Victoria cerraba siempre con pasador. Era imposible entrar por esa puerta porque la cerraba o me aseguraba yo de hacerlo.
Sonreí victorioso.
_ Esto resulta bastante extraño, querido amigo.
_ Supongo que ella conocía al secuestrador porque de otra manera no habría podido entrar por detrás, ¿no crees comisario? Pero existe la posibilidad de que nuestra víctima de secuestro no lo sea realmente.
_ Muy agudo, siempre has tenido buen ojo para los detalles. Pero me gustaría que me dejara trabajar y siguiera con sus conclusiones en otro lugar._ Después de aquellas palabras tan duras pronto me di cuenta que se había molestado. Evidente, me estaba acercando a lo que realmente pudo ocurrir. En verdad había muchas papeletas que indicaban la veracidad de mis sospechas.
Me aparté quedándome en la puerta. Pero después de observar cómo algunos agentes pasaban desapercibidas algunas pruebas, y las grandezas de mi viejo amigo, el comisario, decidí desaparecer del lugar del crimen (por expresarlo de alguna manera).
Camine por el largo pasillo hasta llegar al gran salón donde me detuve. También estaba invadido por numerosos agentes. Se dice en esta ciudad que es necesario ser famoso o millonario para que la policía decida mover un dedo, y gracias a eso puedo conseguir trabajo.
Encendí un cigarrillo y me dispuse a fumármelo tranquilamente, y mientras eso ocurría una conclusión me llego a la mente, como si se hubiese tratado de una bombilla que se había encendido de repente después de estar apagada lo bastante como para no funcionar. Me acerqué a la camarera de la barra que estaba siendo interrogada por otros agentes.
_ Disculpe señorita, ¿Me podría facilitar la dirección de la vivienda de Victoria Perb? _ La joven me miro extrañada pero enseguida cogió una servilleta donde me apuntó la dirección que gustosamente me facilitó.

Salí inmediatamente de aquel lugar, bajé por las escaleras mientras dos agentes hablaban de lo afortunado que había sido estar trabajando al lado del comisario. Si hubieran sabido que era incapaz de resolver un crimen aunque tuviese al asesino junto al cadáver, seguramente no habrían estado dando tantos saltos de alegría. Caminé hacía mi coche que había dejado estacionado enfrente del edificio. Rápidamente me subí y arranque alejándome del lujoso lugar. Según la dirección que me había apuntado la joven, el lugar se trataba de un complejo de apartamentos lujosos. Me bajé del coche, dirigiéndome a su interior. Llegué a la recepción donde un hombre cincuentón, de tez oscura, era el encargado.
_ ¿Me podría facilitar la habitación de Victoria Perb?
_ Sí, la habitación 254. Suba a la cuarta planta.
Seguidamente entré en el ascensor, presione el botón que indicaba la cuarta planta y mientras la inadecuada musiquilla sonaba, esperé. Al minuto escaso, las puertas del ascensor se abrieron, el largo pasillo con suelo aterciopelado de rojo apareció ante mis ojos. Caminé hasta acabar delante de la puerta de la habitación de Victoria. Dispuse a golpearla con los nudillos, pero para mi sorpresa no fue necesario. La puerta se abrió delante de mí. Entré dentro dando pasos silenciosos, busque con la mano el interruptor para encender la luz de la habitación. Algo dentro de mí ya me lo advirtió. Fui necio al no escuchar esa maldita voz de aviso. Encendí el interruptor. La luz descubrió su cuerpo sin vida. Arrodillada en el suelo con ambas manos extendidas encima de la cama, un afilado cuchillo clavado en el centro de su espalda, y su rostro, sus ojos abiertos por la presencia de la muerte. Se encontraba encima de un gran charco formado por su propia sangre. En ese momento solo podía hacer tres cosas: buscar cualquier prueba que el asesino hubiese dejado, llamar a la policía para informar de lo sucedido y encontrar al asesino.
Me acerqué al teléfono de la habitación, y mientras marcaba los números no podía dejar de pensar en la ironía que suponía encontrarme en el lugar donde se había producido el verdadero crimen, y ellos perdiendo el tiempo en una escena donde claramente se percibía un falso secuestro. Dejar el crimen en manos del comisario tendría dos consecuencias, la primera, por fin sabría la ciudad la clase de inepto que era pero…, también significaría no resolver el crimen. No podía dejar este caso en manos del comisario. ¿Por qué tenía tanto interés en resolverlo? Supongo que la primera vez que Victoria Perb fue a contratar mis servicios con pocas pruebas que respaldarán sus sospechas pensé que se trataba de una falsa alarma, y ahora, ver su cadáver sobre un inmenso charco de sangre me hacía sentirme el ser más despreciable por no haberle tendido la mano cuando ella me lo pidió. Solo puedo compensarla encontrando al asesino.
            _ “The Victoria´s Saloon”_ Contesto una mujer al otro lado.
            _ ¿Podría ponerme en contacto con el comisario John Vegan?
            _ Por supuesto.
            A los pocos minutos escuché como el comisario se acercaba al auricular a regañadientes, comentando en voz alta que no era el momento para ser interrumpido por una llamada sin importancia.
            _ John Vegan._ Contesto.
_ Acabo de hallar el cadáver de Victoria Perb en su apartamento._ Le dije al comisario al otro lado de la línea. Éste fue incapaz de articular palabra cuando escuchó la noticia.
_ ¡No toque nada!_ Grito alterado.
Seguidamente, con rapidez, colgó dejándome con dos palabras en los labios. ¡Eres Estúpido! Me habría encantado decírselas. Ahora solo quedaba esperar a que los refuerzos llegasen a escena.

Mientras la policía analizaba la escena del crimen en busca de cualquier prueba, yo me dedicaba a observar en silencio todo mí alrededor, buscando cualquier objeto que resultara inusual. El apartamento no se encontraba revuelto como su camerino sino que estaba muy ordenado y limpio, y las ventanas estaban abiertas con la intención de ventilar el interior. Todo parecía estar en su sitio correspondiente. Pero encima de la cama se hallaban unas maletas a medio hacer, un billete de tren que sujetaba su mano con firmeza, y lo más inusual, un anillo de compromiso tirado a su lado. Parecía haber sido colocado a propósito. ¿Con qué intención? A primera vista daba la impresión de haber sido colocado por el asesino. Podía resultar la opción de haber sido lanzado por un arrebato de rabia pero si eso hubiese ocurrido de esa manera, el anillo hubiese acabado más alejado del cuerpo. Cogí el anillo para observar una pequeña inscripción. Las iniciales “V & R, forever”.
_ ¿Qué opinas?_ Me pregunto el comisario, apareciendo a mi lado con un maldito fantasma sigiloso.
Con un cadáver delante de nosotros se mostraba más interesado en conocer mis puntos de vista. Ahora se mostraba más reacio para conseguir resolver un crimen que le venía grande. Puede que yo estuviese en su misma situación, pero algo nos diferenciaba, no estaba dispuesto a tirar la toalla.
_ A ti te lo voy a decir._ Le conteste evasivamente. Cada vez que había compartido información sobre algún que otro determinado caso, él había acabado por llevarse todos los méritos. Maldito aprovechado.
_ ¿Acaso tienes pensado trabajar en este caso?_ Pregunto interesado.
_ Eso no es asunto tuyo.
_ Comisario, he encontrado algo que le puede interesar._ Explico un joven agente de policía, apareciendo en el momento oportuno para terminar el interrogatorio.
_ Si me disculpas._ Se despidió torciendo una sonrisa de suficiencia.
Caminó hacia la habitación donde se hallaba el baño. Pero lo que allí hubiese carecía de importancia cuando todo lo evidente estaba delante de mis ojos. Tanto el billete en su mano como la maleta sin hacer indicaba que estaba decidida a huir y hacerse pasar por desaparecida pero ¿Para qué propósito? Seguramente su visita a mi oficina y lo sucedido en su camerino fueron productos de su plan para huir, aunque por desgracia no obtuvo la meta deseada, alguien la sorprendió en el mismo instante que iba a desaparecer. Seguramente hubo una terrible discusión, lo que no puede explicar que el anillo se encontrase tirado a su lado. Discutieron hasta que el asesino acabo apuñalándola. Solo basto una vez para acabar con su vida en el acto pero viendo como sus manos están agarradas a las sábanas, ella debió de morir lentamente hasta que consumió la última gota de vida que le quedaba en el cuerpo. Un crimen apasionado por… ¿celos? ¿Despecho? Cualquier motivo lo podía respaldar. Pero el anillo era lo único que no parecía encajar allí. Si mi sospecha era acertada, ¿por qué dejaría el asesino un objeto que le era tan preciado? ¿Un anillo de compromiso tirado al suelo para que la policía lo encontrase? Daba la impresión de haber sido colocado a propósito. Sin embargo, no solo debía de responder a esas cuestiones. ¿Quién más conocía sus intenciones? ¿Con quién tenía pensado huir? ¿Qué pretendía con todo esto?

Más tarde entre en mi oficina, empuje la puerta con la mano, escuchando como se cerraba tras de mí. Deje caer mi cuerpo cansado encima del sillón. Acto seguido lleve los pies encima del escritorio. Saque la pitillera que guardaba en el bolsillo de la chaqueta, cogí uno de los cigarrillos que guardaba en su interior, lo encendí y mientras saboreaba la primera calada mi secretaria apareció interrumpiendo la tranquilidad que estaba disfrutando.
_ Jefe, ¿Necesitas algo antes de irme a casa?
_ Puedes irte tranquila.
_ Entonces, hasta mañana._ Se despidió.
Acto seguido cerró la puerta. Veía su silueta reflejada en el cristal alejarse a grandes zancadas. A veces resultaba un incordio. Si no se pasaba la mayor parte del tiempo limándose las uñas, estaba cambiando las cosas de lugar. Razón por la que prefería mil veces estar fuera de la oficina que tener que observarla. Sin embargo, también he de admitir que era bastante producente cuando le salía la gana, aunque esto no viene a cuento.
De todos modos, me resultaba difícil dejar de recordar todo lo que había estado sucediendo, como la discusión entre las dos mujeres, el amante desechado y frustrado, la falsa desaparición y la escena del terrible y trágico crimen. Las horas transcurrieron, y yo sumergido en el océano de los pensamientos hasta que el sueño me invadió en el mismo instante de la aparición del sol, cuyos rayos no calentaban mis parpados por culpa del sombrero que cubría todo mi rostro.

Cuando desperté, gracias a la colaboración de mi secretaria, decidí volver al local de la víctima para empezar con la investigación. El lugar estaba casi desierto, si no fuera por la camarera de la otra noche. Por lo visto, a pesar de no tener jefe, debía seguir con su labor, por no decir que alguien se ocupaba de que así lo hiciera. Me acerqué a la camarera, seguramente me debía de conocer bastante ya que pasaba demasiado tiempo cerca de su lado. Me senté en la barra, dejando el sombrero encima y pedí la especialidad de la casa que gustosamente me sirvió.
_ Señorita, soy el detective Mathews, me gustaría hacerle unas preguntas si es usted amable de contestármelas._ Le pedí cortésmente.
_ Puede llamarme North, Adriana North._ Me sonrió dulcemente pero en sus ojos me extraño no ver tristeza alguna o cualquier sentimiento similar, sino que más bien podía hallar cierta indiferencia con lo que había sucedido.
_ ¿Conocía usted bien a la señorita Perb?
_ Sí, éramos amigas desde hacía bastante tiempo._ Hablaba mientras sus manos se mantenían ocupadas secando las copas de cristal._ Cuando me quedé arruinada ella me ofreció trabajo como camarera para ayudarme a pagar una deuda. Fue bastante gentil por su parte pero cada acción buena trae consigo un inconveniente o un favor a cambio de otro._ Suspiro._ Aprendí esto gracias a ella._ Explico con cierto recelo en su voz.
_ Veo que es muy sincera a la hora de hablar de ella._ Conteste con sarcasmo.
_ No tengo nada que ocultar y ahora que no está ha llegado el momento de que alguien sepa cómo era en realidad, ¿no cree?_ Lo dijo entonando cierto sentimiento de odio al pronunciar cada una de esas palabras.
_ ¿Y cómo era?_ Seguí insistiendo. Puesto que ella estaba dispuesta a colaborar, yo no iba a impedírselo, y mucho menos, no aprovecharme del momento que me estaba brindando. En eso consiste el buen trabajo de un detective, sacar información de cualquier manera, aunque resulte ridícula o inapropiado.
_ Ella…, verá…_ Sus manos se quedaron quietas. En menos de un segundo ella había colocado el codo encima de la barra, tenía medio cuerpo apoyado en ella y se encontraba lo suficientemente cerca para revelar cualquier detalle sin que nadie la descubriera en el acto. _ Además de tener una belleza sorprendente, una voz sensual, ser tan famosa y estar rodeada de tanta fortuna, era una maldita víbora y una cualquiera ya que no le bastaba con utilizar a los hombres para conseguir sus caprichos sino que jugaba con ellos. Ningún hombre estaba a salvo de caer en las redes de su encanto. Más bien, era una manipuladora y una arpía que no le importaba pisotear a los demás para conseguir lo que le interesaba. Y créame cuando le digo que conseguía todo lo que quería de ellos. Desde joyas hasta grandes y complicados favores. _ Cada una de sus palabras radiaba odio, rabia, y puede, que hasta cierta frustración. Por un lado, daba la sensación de idolatrarla como a una estrella de cine pero esa sensación desaparecía cuando dejaba salir sus sentimientos más ocultos.
_ ¿No teme que la malinterpreten hablando de esa manera de una mujer que acaba de ser asesinada?_ Le pregunte indirectamente por no lo decirle que con solo escucharla ya estaba en mi reciente lista de sospechosos.
Ella se encogió de hombros.
_ El tiempo de ocultar o de silenciar las verdades ha finalizado. Ahora, solo puedo expresar lo que realmente pienso sobre una persona aunque ya no se encuentre entre los vivos. Y si de esta manera consigo ayudar en la investigación, no me importa que me tomen por una mera sospechosa. _ Comento torciendo una sonrisa suspicaz.
_ ¿Sabe si alguna vez se comprometió con algún hombre?
_ No. Aunque…, todos los hombres a los que encatusaba les regalaban alguna que otra joya o ramo de flores, lo que le antojase. Pero nunca estuvo comprometida, y dudo que ella aceptase si podía disfrutar un poco más de su libertad.
_ ¿Conoce usted a la mujer de blanco que estuvo toda la noche sentada en una de las mesas?_ Bebí el primer sorbo a la copa de Whiskey, la gran especialidad de la casa.
_ Ah, sí. Estela Valls. Una vieja amiga de las dos. Es una mujer bastante bella ¿no cree?_ Pregunto arqueando una ceja._ Además, posee una gran fortuna que heredo de sus padres, pero por desgracia nunca ha sido afortunada con los hombres ya que todos se los robaba Victoria._ Soltó una breve sonrisa divertida._ Nunca hubo problemas entre ellas dos hasta que un hombre en especial provocó que la amistad de ambas acabara en un odio eterno. Lo más curioso es que nunca discutieron, ni mucho menos cuando ella descubrió el romance que los dos mantenían en secreto. Solo…_ Giro la cabeza hacia la puerta. Cuando la volvió hacia frente aún mantenía esa sonrisa divertida en el rostro._ Ahora si me disculpa seguiré con mi trabajo sino tiene más preguntas al respecto.
_ Solo unas preguntas más sino le importa ¿quién era el hombre?
_ Javier Roswell, un encanto de hombre pero un maldito Casanova. No tenía escrúpulos en dar esperanzas a las mujeres y, mucho menos, en conquistarlas. _ Hizo una pausa._ Él y la señorita Valls se conocieron por casualidad. Durante bastante tiempo se les veía juntos._ Levanto la mano para señalar una de las mesas del fondo, justamente en la misma mesa donde se sentó la noche anterior._ Solían sentarse por esa zona._ Bajó la mano para seguir con su labor._ Se podría decir que ella se enamoro locamente de la persona inadecuada. Cuando le presento a Victoria, él o tal vez ella, no sabría con exactitud quien comenzó el juego de seducción. Solo sé que él acabo en su redes y le rompió el corazón a la señorita Valls.
_ ¿Quién tendría motivos para matarla?
Volvió a torcer en sus labios esa sonrisa divertida. No se sorprendió de ella.
_ Todos son sospechosos._ Contesto encogiéndose de hombros._ Cualquiera ha podido matarla.
_ ¿Incluida usted?_ Ella ya comenzaba a enmarcar el primer puesto en mi lista de sospechosos.
Una persona tan directa, sin nada que perder, con diversos sentimientos contradictorios aflorando en cada una de sus palabras. Tenía motivos, pero ¿oportunidad también? No. Había estado durante toda la noche en la barra, sin poder moverse de ella pero tal vez encontró a un socio que se ocupo de lo que ella habría deseado hacer.
_  Es verdad que tengo motivos para matarla pero nunca la habría puesto la mano encima, no soy el tipo de personas que puede acabar con la vida de una persona sin arrepentirse después. Nunca la habría matado, y además, usted sabe que yo no pude moverme de aquí. _ Explico ciertamente dolida por haberla señalado como sospechosa. En este trabajo he aprendido a sospechar de todo el mundo, solo así se consigue hallar las respuestas buscadas.- ¿Alguna pregunta más?
_ No, gracias por su colaboración_ Me volví pensativo por la información adquirida y dejé que la primera testigo se marchara. Conclusión con los datos recogidos: no era una mujer tan ejemplar como había pensado sino al contrario, una víbora en cuanto a la hora de cazar hombres y jugar con ellos, algo que intentó conmigo desde un principio.
Inconscientemente mis ojos siguieron el campo de visión donde Adriana North se había concentrado en mitad de la conversación. Allí estaba ella, la señorita Estela Valls, entrando por la puerta y dirigiéndose a la barra donde me encontraba. Hipnotizado, mis ojos siguieron cada de uno de sus movimientos, observando el enorme abrazo en la que las dos se fundieron como si el tiempo hubiera hecho la distancia entre ellas un siglo sin verse, y no se hubieran encontrado si el destino no lo hubiera permitido. Cuando se separaron, Adriana volvió a la barra donde se dispuso a seguir su trabajo. Estaba sentada justamente a mi lado, lo que no impidió que ella me viese de reojo. Sabia de mi presencia pero intentaba ignorarla a pesar de lo imposible que le iba a resultar.
_ Señorita Valls, me gustaría hacerle unas preguntas sobre...
_... Lo sucedido ayer noche. Sobre la misteriosa muerte de Victoria, ¿Me equivoco o por el contrario he acertado?_ Masculló con cierto aire juguetón pero al mismo tiempo indiferente.
_ Ha acertado_ Conteste encantado. De alguna manera había conseguido sacarme una sonrisa._ ¿Me puede decir que relación mantenía con la señorita Perb?
Consiguió sorprenderme cuando pidió una copa de ginebra y sonrío como si hubiese sabido en cualquier momento la pregunta que mis labios iban a pronunciar.
_ Fuimos amigas durante un tiempo y después…, digamos que la situación cambio. Es lo único que le puedo decir, detective._ Hizo hincapié en esa última palabra.
Me quedé impresionado, había conseguido adivinar mi profesión. Podría haberme llamado agente, comisario o incluso, periodista, y en cambio, había conseguido acercarse tanto que la sorpresa me heló por dentro. Intenté controlarme por un instante. Si ella estaba dispuesta a jugar con los aciertos, yo también podía hacer lo mismo.
_ Veo que es usted muy inteligente, ¿Cómo ha sabido mi…?
_ Su vestuario lo dice todo, y además su forma de hablar. Ahora si me disculpa debo irme. _ Bebió la copa de un trago y se levantó alejándose de mí pero tenía que detenerla.
_ ¿Qué sucedió para que os dejarais de comunicar? ¿Qué sucedió con Javier Roswell? _ Me miro en silencio pero no se perplejo por el nombre mencionado. Daba la sensación de esperarse cada una de mis preguntas.
_ Veo que ya se encuentra al tanto de parte de mi pasado.
_ ¿Podría…?
_ Perdóneme por el atrevimiento pero no estoy dispuesta a contestar._ Soltó con seriedad.
Antes de darme cuenta, ella ya estaba saliendo por la puerta. Corrí con la única intención de intentar seguirla pero ya fue demasiado tarde. Cuando estaba en mitad de camino ella ya se había subido en un taxi que esperaba en la puerta, desapareció como la nada, sin poder evitarlo. Era una mujer muy extraña y por su conducta cualquier agente de policía o un detective como yo, podría llegar a pensar que la autora del crimen se trataba de ella. Una bella mujer apuñalando por la espalda a otra mujer por un odio guardado durante largo tiempo. Pero ante la evidencia de ser consciente sobre la existencia de una prueba que indicara que había gato encerrado en la escena del crimen. Por el momento solo sabía sobre sus planes, iba a huir de la ciudad dándose por desaparecida pero ¿cómo se podía explicar el anillo encontrado al lado de su cuerpo? ¿Qué significado tenía ese anillo de compromiso? No encajaba del todo, al fin de cuentas se trataba de un anillo de compromiso pero ella nunca llego a estar prometida. La señorita North pudo aclararme ese punto contándome que se trataba de una mujer a quién le gustaba jugar con los hombres, ganar dinero y divertirse a costa de todos los que la conocían, por decirlo de otra manera, una vividora. Entonces, ¿cómo podría explicar el anillo? Colocado a su lado por una buena razón.
Volví a entrar en el local para dirigirme nuevamente a la barra donde se encontraba Adriana North colocando las copas fregadas. Me apoyé encima de la barra y ella me miró sonriendo dulcemente como si hubiera imaginado que iba a volver para sacarle más información de lo acordado. No se equivocó.
_ ¿Me podría facilitar la dirección de la señorita Estela Valls?
_ Me gustaría poder dársela pero desgraciadamente no la sé ya que nunca me la dado. Cuando descubrió la traición prefirió alejarse durante un tiempo de todos y de esta ciudad. Lo siento detective, pero es lo único que puedo decirle.
_ Tranquila.
Me alejé de la barra dirigiéndome hacía la puerta principal para salir y mientras yo salía un hombre entraba, dirigiéndose hacia la barra con el fin de abrazar y besar apasionadamente a la camarera. Pude ver a la distancia sus ojos iluminados ante la presencia de quién debía ser su amado.
Al bajar las escaleras del local me encontré con mi viejo amigo  John Vegan. Me miró sorprendido al encontrarme en aquel lugar. Seguramente el idiota había pensado desde un principio que iba desaprovechar la oportunidad de competir. Se me acercó y me saludó cortésmente mientras sonreía.
_ Te pareces a mi mujer, cada vez me encuentro contigo en los lugares menos imprevistos y cuando menos lo deseo.
_ Siempre con las mismas bromas, podrías cambiarlas de vez en cuando.
_ Sí, pero no tendrían tanta gracia. _ Seguí bajando escalones con la intención de dejarlo atrás. _ Debería trabajar conmigo, juntos podríamos resolver todos los crímenes._ Lo miré y sonreí irónicamente.
_ Amigo mío, los dos sabemos que yo resolvería los crímenes. Si me disculpa seguiré con mi trabajo.
_ ¿Acaso quiere competir?
_ Una competición no hace mal a nadie, ¿no piensa lo mismo?
_ Te contestaré cuando resuelva el crimen._ Respondió con prepotencia.
Me despedí y mientras él entraba al club yo me alejaba a grandes zancadas, acercándome a mi coche donde me subí y arranqué dejando el club atrás, a varios kilómetros de distancia hasta que dejara de ser perceptible en el espejo retrovisor. Ahora era momento de descansar.

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