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        ¿Dónde demonios me había llevado esta mujer? Si a plena luz me resultaba el lugar siniestro, mejor no pensar como sería durante la noche. 
        ¿Nunca iba a librarme de frecuentar los sitios más espeluznantes y siniestros de la ciudad? De alguna manera, siempre conseguía pisarlos por más que me negase a hacerlo.
                _ Este sitio te va a encantar._ Comentó Lily ilusionada. 
                    Le habría preguntado como conocía un lugar como ese pero ella se adelantó respondiendo a una pregunta que mis labios no hicieron.
                _ Una compañera de trabajo me trajo aquí hace unos meses. A primera vista parece aterrador pero dentro se puede respirar el ambiente de la fiesta._ Explicó divertida._ Ya lo verás. Este lugar es… increíble.
                Yo habría dicho aterrador, escalofriante,… cualquier palabra hubiese sido perfecta en vez de la que ella usó para aquel lugar.
                _ ¿Has visto la estatua? Se rumorea que el dueño del club la trajo desde Italia y tiene un valor incalculable.
                  Incalculable era cierto pero por lo antigua que era.
                Al bajar las escaleras supe que pocos humanos se hallaban dentro. 
             Podía percibir la presencia de seres cuyos corazones dejaron de latir desde hacía más de cincuenta décadas. Pero lo más extraño no era ver a vampiros andar por el club sino la forma de comportarse, como si fuesen simples mortales. ¿De verdad un vampiro puede fingir ser un mortal? Una pregunta cuya respuesta no me importaba. Habría sido capaz de abalanzarme sobre ellos con estaca en mano y clavársela pero eso habría arruinado la noche.
                Antes de darme cuenta, Lily caminaba hacia la barra. 
               Sin dudarlo, yo la seguí sin dejar de observar el local y a todos los que se encontraban dentro.
                _ Un Cosmopolitan bien cargado._ Pidió Lily al barman. 
                _ Y ¿Tú guapa? ¿Qué quieres tomar? Te invito.
                ¿Estaba ligando conmigo?
                _ Pierdes el tiempo.
                _ Ok.
                El barman era un simple mortal. Un joven de tez oscura con un tatuaje en su brazo para así dar la apariencia de chico duro.
 Lily le observaba con ojitos de osito amoroso. Aunque no la conociera, estaba segura que ella deseaba hincarle el diente. Pasé de la escena como si conmigo no fuese el asunto.  Pero aún así, mis ojos estaban más concentrados en el esqueleto decorativo que tenía a su espalda. 
 Y eso fue lo que le dio una señal equivocada al barman que no dejaba de sonreírme. ¡Menudo idiota!
                _ Venga, tomate una copa. Te invito._ Insistió Lily.
                    ¿En verdad no se le ponía los pelos de punta al estar allí? Actuaba como si se tratara de otro club más de la ciudad. Esta mujer ignoraba a los vampiros que la rodeaban.
                De pronto observé un pequeño escenario que me había estado dando la espalda. 
Y unos nostálgicos recuerdos cruzaron mi mente. La misma noche que mi vida cambió, fue la misma que escuché por primera vez a Tom tocar aquella canción. 
 Supe al escucharla que esa canción en realidad era un mensaje que provenía de su corazón. Una canción, que seguramente, había tocado en numerosas ocasiones a esa persona a quien yo le recordaba.
  Es extraño pero hasta ahora no me había preguntado quien era esa persona. Dime Tom, ¿Quién era esa persona a quién estaba dedicada la canción que tocabas tu última noche de vida?
             Me gustaria poder volver a escuchar esa melodia. Me encantaría poder volver a revivir aquel momento una y otra vez para así mantenerte con vida, porque dejaste un vacio en mi pecho que dificilmente podrá ser llenado con otra persona. Y aunque toque la misma canción que tú, no será lo mismo. Tú conseguías envolver esa dulce melodía con aquel sentimiento del que nunca pudiste desprenderte. Pero esa canción seguirá en mi memoria, junto con los años en lo que los dos estuvimos juntos.
                _ Tocas muy bien._ Comentó Lily a mi lado._ ¿De quién es?
                _ De alguien importante.

MINUTOS MÁS TARDE

                  Pasaban los minutos, incluso, me atrevería decir que horas. Y cuanto más tiempo pasaba, no podía dejar de preguntarme a mi misma que demonios seguía haciendo en aquel lugar. 
 No quería dejar tirada a Lily después de insistir en salir a celebrar que éramos vecinas (por cierto, una gran estupidez) pero cada vez me sentía más y más incomoda estando en el mismo lugar que aquellos seres. Y por si fuera poco, uno de ellos estaba bailando con ella. 
Por el momento solo podía observarla, vigilar que ese maldito vampiro no se la llevase a un lugar apartado para clavar sus colmillos. 
                 De repente, un hombre extraño apareció en medio de la pista de baile, mirándome fijamente como si me conociera. 
Su cabello era negro como la noche, sus ojos de un claro capaz de resplandecer en aquel oscuro lugar, y en su cuello estaba marcado por un extraño tatuaje. 
 Y de la misma manera en la que apareció, desapareció. Se esfumó como si hubiese sido producto de mi imaginación.
 Estar más tiempo en aquel club me estaba enloqueciendo. Sin embargo, aún no podía irme y dejar a Lily rodeada de esos seres. Pero cuando volví la vista hacia ella, vi que se encontraba bailando con un mortal. 
 Todos los vampiros se habían esfumado de repente, como si hubiesen sentido el peligro rodeándoles.
                No me importaba cuales habían sido los motivos por los que habían salido despavoridos. Era mi oportunidad para salir sin remordimientos, sin preocuparme de su seguridad. Y la verdad… es que ella tenía otra cosa en mente por la forma en la que coqueteaba con aquel hombre. 
                 Después de salir del club, estuve caminando por la ciudad mientras me juraba a mi misma no volver a un lugar como ese. 
 Al menos que llevara un par de estacas en ambas manos. Entonces, no me importaría volver. Si alguno de ellos hubiese atacado habría tenido que improvisar y montar un espectáculo del que dar explicaciones después. Lo que hubiese significado tener que mudarme a otra ciudad. Como cazadora que soy, no debo ser vista en acción. 
A LA MAÑANA SIGUIENTE

                A la mañana siguiente, Lily apareció en la puerta de mi apartamento. Y sin decir nada, me sacó arrastras para minutos después estar enfrente de un salón de belleza. ¿Qué le pasaba a esa mujer?
                _ Este lugar te va a encantar, ya lo verás. Hay ropa muy buena de gran calidad. Vengo muy a menudo y por ser modelo consigo grandes descuentos porque la dueña tiene un contrato con la agencia en cuanto a la ropa._ Explicó sin dejar de sonreír ilusionada. ¿Era mi imaginación o me estaba tratando como una barbie?
               Antes de poder preguntarle por qué tanto empeño, ella ya estaba cruzando la puerta del edificio.
 Respiré profundamente, e intenté no mostrarme desagradecida. Al fin de cuentas me había regalado bastante ropa sin que yo se la pidiese y… se había empeñado en llevarme de compras. ¡PERO YO ODIO Y ODIARÉ IR DE COMPRAS! Soy de esas personas que si entran a una tienda de ropa es porque ya tiene una idea en mente de lo que quiere.
 Además, a mi no me va los vestiditos y mucho menos las minifaldas como la que le robé a la enfermera. Prefería llevar ropa cómoda por una buena y única razón. Dudo que pueda dar una pata llevando puesta una minifalda, y más difícil, con un vestido. Por esa razón prefiero llevar ropa mucho más cómoda. También es porque… siempre he usado ese tipo de ropa. Cuando era niña, Tom me compraba ropa y… no estaba muy al tanto de la moda. Tampoco es que me importase.
                Lily se colocó delante del mostrador con aires de grandeza.
 ¿Así se comportaba una modelo? Y ¿Por qué se comportaba con aires de grandeza? En menos de un minuto había dejado de ser la chica que unas horas antes había conocido.
                _ ¿Podría decirle a Sasha que  he llegado?
                _ ¿Su nombre?
                       _ Lily Soonth._ Respondió con firmeza.
                El recepcionista agachó la mirada para leer una pequeña lista que tenía oculta tras la caja registradora.
                _ Lo siento, pero su nombre no se encuentra. Si quiere ver a la señorita Sasha tendrá que pedir cita o no la podrá atender.
                _ ¿Quién ha dicho que debo estar en esa lista?
                _ Vaya sorpresa, querida._ Dijo la voz de una mujer que apareció bajando las escaleras._ Kriss, ella no necesita cita. 
                Una mujer, que a pesar de la edad, intentaba a toda costa aperantar una juventud que no tenía. Vestía a la última moda con elegancia, y su corte de pelo le daba un aire sofisticado. 
 Pero no era su apariencia la que más me captaba la atención, sino la manera de comportarse. Actuaba, hablaba y se movía con clase, como si de ello dependiera su trabajo y su vida.
                 _ Ella es un cliente especial, Kriss._ Le explicó al joven recepcionista que no parecía enterarse de nada de lo que estaba ocurriendo. Para mí que era muy poco espabilado.
               Las dos se fundieron en un abrazo un poco presuntuoso.
                _ No esperaba verte tan pronto, querida.
                _ He venido por una amiga. Ella es Beth._ Nos presentó.
                _ Encantada de conocerte. Eres muy guapa ¿lo sabías?_ Dijo con un cierto tono pijo.
                ¿En qué lugar me había metido Lily? Estaba empezando a sufrir los síntomas del sueño extremo, por no decir, que la incomodidad y el deseo de salir corriendo me estaban recomiendo por dentro.
                _ Necesita renovar todo su vestuario.
                Podía haber dicho que necesitaba un vestuario que renovar en un futuro, ¡Si toda la ropa que tenía hasta el momento era de ella!
                _ Sírvete._ Dijo sin dejar de torcer una sonrisa que para mí era de lo más falsa._ Kriss, el descuento del 30 por ciento.
                _ Si, señora._ Respondió sin preguntar el motivo de esa orden.
                _ Vamos, a ver._ Dijo Lily.
                Caminó hacia la zona donde se encontraba la ropa más cara, o por lo menos esa era la impresión que tuve cuando en la otra parte del local habían grandes letreros que indicaban que los artículos estaban rebajados de precio. Anduvo observando la ropa mientras yo actuaba como una estatua. 
 Solo observaba como ella se divertía como una niña pequeña buscando vestidos para su muñeca (esa sin duda era yo).
                _ Este debe sentarte genial._ Hizo una breve y corta pausa._ Oh, dios. Me encanta este vestido. Ah, y este es precioso.
                Cogí un vestido, después otro, después un sueter, unos vaqueros,... hasta que cuando quise darme cuenta ella mantenía una gran cantidad de ropa entre sus manos.
                _ Vé y pruébatelos. _ Ordenó.
                _ “Y ¿saldremos pronto de aquí?”_ Pensé.
                Me empujó hacia los probadores pero me desvié de la trayectoria para colocarme delante de un espejo donde las dos nos veíamos reflejadas.
                _ Debes confiar en mi criterio para la moda, soy una experta en el tema.
                _ Si no lo dudo pero…_ El problema se encontraba en los diferentes tipos de gusto que a ambas nos diferenciaba. Ella prefería un hermoso y escotado vestido corto mientras que mi idea de moda se hallaba en un par de pantalones y un suéter.
                _ Pruébate la ropa. No pierdes nada._ Insistió.
                Ahí tenía razón. No perdía nada por cambiarme unas cuantas veces de ropa.
                Cuando quise darme cuenta, me estaba divirtiendo. Posando ante ella como si fuera una modelo.
 Vistiéndome y desvistiéndome una y otra vez, sin dejar de reírnos por lo divertido que resultaba hacer un pase de modelos. No sabría decir las veces que me cambié de ropa. 
                _ ¿Seguro que no trabajas en la publicidad como modelo?_ Preguntó Sasha que apareció detrás de mí._ La ropa te sienta muy bien, incluso, parece ser echa a tu medida. Tienes el cuerpo perfecto para llevar cualquier vestido que se te presente. 
                _ Esta preciosa._ Comentó Lily._ ¿Qué dices?
                _ Supongo que…, bueno,…
                _ Nos lo llevamos._ Respondió con seguridad.
                ¿Nos lo llevamos? Pero que…
                _ Señorita Sasha, tiene a la señora Bedinfil esperando en su despacho. 
                De la nada, apareció una joven rubia.
                _ Muy bien.
                La joven se alejó sin apenas dedicarnos una sonrisa. Su rostro era dulce pero su actitud no lo era tanto. Actuaba con cierta frialdad, ni siquiera nos dedico una mirada, como si no hubiesemos estado ahí cuando ella apareció.
                _ Lo siento, querida pero ahora debo atender unos negocios.
                Se alejó dejándonos solas. Pero no tardamos más tiempo de lo necesario porque a los pocos segundos estábamos en el mostrador haciendo cuentas con el dependiente. 
 Después de pagar, tuve que entrar nuevamente en los probadores para volver a cambiarme de ropa.

                           MINUTOS MÁS TARDE

                A pesar de estar a unos pocos metros de distancia de la puerta del apartamento, aún no podía respirar aliviada. No era que Lily me callera mal pero… ella tenía una personalidad que chocaba con la mía. En otras palabras, ella era lo que se podría decir una chica normal y no una rara como lo era yo. Rara en el sentido de ser una autentica cazadora que mata a todo bicho o ser sediento de sangre que aparezca en el camino, y eso se podría considerar como un día divertido para mí. Al fin de cuentas era la vida que una vez escogí y… nunca me arrepentí de aquella decisión. Sin embargo, las palabras de Tom en aquella carta “Empieza una nueva vida. ¡Vive!”, espero que no se refiriera a estar siempre yendo de compras o pasarme las horas muertas en un salón de belleza para tener un cutis perfecto, porque sería una broma de muy mal gusto. Pero… ¿esa era la vida que él deseaba para mí? ¿Ser una chica normal y corriente?
                Lo siento,  Tom pero no puedo cumplir tu último deseo.
                _ Mañana podrías acompañarme a una sesión fotográfica. Estoy completamente segura que a Vincent no le importara hacerte un book de fotos si se lo pido.
                Había estado hablando durante todo el camino de vuelta y lo último que escuché fue lo de hacerme una sesión de fotos. ¿En qué demonios estaba pensando esta mujer?
                _ Lo siento, de verdad, pero no creo que sea una buena idea._ Intenté no ser grosera.
                Las puertas del ascensor se abrieron, dejándome vía libre a la salvación. (Sí, soy una exagerada por comportarme de esa manera pero lo que en verdad necesitaba era algo de espacio). 
                Ella se colocó delante de su puerta mientras yo abría la mía y saboreaba el dulce sabor de la soledad.Era algo que necestiba en esos momentos. 
                   Salimos del ascensor y cada una tomó su camino. 
                _ Nos vemos mañana a las ocho. _ Dijo segundos antes de cerrar la puerta y esconderse en su apartamento. Seguramente lo hizo para que yo no pudiera negarme.
                Por fin pude suspirar aliviada. En veinticuatro horas había ido a lugares que nunca antes había pisado y hecho cosas que nunca antes había hecho. 
 Había ido a un club frecuentado por vampiros, a un salón de belleza, me había comprado cantidad de ropa en la que incluía vestiditos, y… ¡me había divertido! Para que engañarme a mí misma. Por primera vez había vivido como una chica normal y me había gustado.  
 Sin embargo, no podía acomodarme a este nuevo estilo. Aún tenía algo que hacer. Aún tenía que buscar respuestas.
     Cuando  más cómoda me encontraba en la cama, tocaron a la puerta. 
               _ Tenemos que hablar._ Dijo Steve al otro lado de la puerta.
                No podía haber aparecido en  mejor momento. 


 CONTINUARÁ EN................. CAPITULO 6: PERSEGUIDA
Siento haber tardado pero aqui traigo el siguiente capitulo. En este capitulo hay algunas poses que he creado (a ver si podéis adinvinar cuales son jajajaja). A partir de ahora la vida de la protagonista va a seguir por un rumbo diferente y nuevos personajes van surgiendo para involucrarse en la vida de Beth. :)
Espero que os guste el capitulo. ^^
BESOS.


              
               Llegué a la guarida, un bar de mala muerte. El dueño supo escoger el nombre adecuado para aquel lugar frecuentado por tipejos de todas clases.
            Era la primera vez que pisaba un antro de ese calibre. Apostaba que iba a ser la única mujer que lo pisara y no me equivoqué. Pude comprobarlo cuando crucé la puerta. 
          Todos los hombres se me quedaron mirando, algunos con deseo, otros perplejos y, por supuesto, algunos molestos por mi presencia. 
            No me importaba la manera en la que sus ojos estaban puestos en mí. Seguí hacia adelante, caminando mientras les sentía, hasta que llegué a la barra donde el barman trabajaba ignorando mi presencia.
               El único hombre que no se había molestado en mirarme. Me senté en uno de los taburetes.
                _ Las mujeres no son bien vistas en este lugar._ Comentó sin levantar la mirada.
               _ ¿Cree que eso va a impedir que yo esté aquí?_ Repliqué con sarcasmo.
                _ ¿Qué quieres?_ Preguntó con brusquedad. 
               _ Estoy buscando a una persona.
                 _ Oye, muñeca.
                Detrás de mí apareció un hombre que apenas podía mantenerse en pie a causa de la cantidad de alcohol que había consumido. Su aliento era repugnante, pero no era lo que más me irritaba. 
                _ Si vuelves a llamarme muñeca te rompo la cara._ Le avisé.
                _ ¿Me estás amenazando? Hip-hip-hip._ Replicó.
               _ Solo es un aviso.
                _ No seas testaruda. Solo quiero invitarte a una copa, muñeca.
              Le había avisado. Me levanté del asiento y antes de darse cuenta cuales iban a ser mis intenciones, le propiné un fuerte rodillazo entre sus partes.
            Dejándole k.o al instante. Cayó de rodillas al suelo mientras le daba la espalda y me sentaba nuevamente en la barra. 
                    _ Me-ha-matao._ Dijo lentamente y con voz aguda, mientras llevaba sus manos a su entrepierna y se retorcía del dolor.
                _ Estoy buscando al dueño._ Respondí como si la escena anterior no hubiese transcurrido.
               Levantó la mirada extrañado. Seguramente por mi actitud indiferente.
                _ ¿Podrías decirme dónde se encuentra?_ Volví a insistir.
                _ ¿Por qué lo buscas?
                     _ ¡Oye, tú! Mi amigo no te ha hecho nada.
                    _ Solo molestarme_ Repliqué con seguridad.
                Cuando quise darme cuenta tenía otro tipejo más a mi espalda. Sin lugar a dudas, era el lugar perfecto si alguien buscaba pelea.
No me molesté en moverme del asiento. Levanté el brazo con gran rapidez al mismo tiempo que cerraba el puño con firmeza, y, acto seguido, le di un fuerte puñetazo en la cara. 
 A los pocos segundos, cayó al suelo inconsciente mientras todos los hombres que se encontraban en el local se quedaban sorprendidos por la escena. En cambio, no pude apartar la mirada del barman que actuaba con normalidad. Como si ya hubiese presenciado en numerosas ocasiones actuaciones como esa.
                _ No estoy para juegos así que más te vale dejarme tranquila._ Le avisé, aunque esta vez el aviso iba después del ataque. 
              _ Estoy esperando tu respuesta así que no me hagas esperar._ Soltó el barman que seguía actuando con toda normalidad.
                Podía sentir a mi espalda las miradas de aquellos tipejos, quizá inyectados en odio o simplemente temor. Pero no apartaban la mirada de mí.
                _ Tom Reeve me envía._ Respondí sin que me temblara la voz al pronunciar su nombre porque hacerlo me dolía mucho más que cualquier herida que pudiera tener en mi cuerpo. 
                     De repente, el barman caminó alejándose de la barra hasta situarse al otro lado. 
                _ ¡El bar acaba de cerrar sus puertas! ¡Salir de aquí inmediatamente!_ Les gritó a todos sus clientes. 
             Me sorprendió su actitud repentina pero aún más ver como aquellos tipejos se levantaban de sus asientos y salían del antro sin rechistar.
                _ Unos niños muy obedientes._ Me burlé.
                A pesar de escuchar mis comentarios, ellos siguieron su camino sin mirarme. ¿O respetaban demasiado al barman o le temían? No tardaron más de un minuto en salir despavoridos, dejándonos completamente solos.
                _ Ahora que no hay nadie para molestarnos…
                _ ¿Vas a decirme dónde se encuentra?_ Pregunté con  sarcasmo.
                Rápidamente se volvió y caminó hacia el interior de la barra. Sobre ella colocó unas llaves y sin decir nada, caminó para ponerse nuevamente detrás de ella. Se agachó durante uno segundos para después levantarse con un viejo maletín marrón que cuidadosamente dejó caer sobre la barra para que yo lo observase. 
             _ He de suponer que si Tom te ha enviado hasta aquí es porque…_ No siguió hablando, seguramente para no abrir más la herida que tenía en el fondo de mi corazón._ Lo que hay dentro de este maletín es lo que dejó para ti.
                _ ¿Qué hay?
                _ Tom quería que yo guardase sus pertenencias._ Explicó con seriedad.
               _ ¿Qué tienes que ver con Tom?
                _ Me imagino que sabes a lo que se dedicaba, ¿no?
                Asentí. Podría haberle dicho que yo también me dedicaba a lo mismo pero… no estaba segura si debía confiar en él hasta ese punto. 
            _ Los cazadores tienen una vida limitada. Muchos no sobreviven porque acaban muertos. _ Comentó.
                _ No me has respondido a la pregunta.
                _ Yo soy lo que se podría catalogar como una caja fuerte para los cazadores. Me encargo de custodiar sus armas, el dinero que ganan con las recompensas que la sociedad de cazadores ponen a las criaturas más peligrosas o, simplemente, me encargo de guardar aquello que ellos consideran importante. ¿Entiendes?_ Explicó._ Esa es la única relación que existe, que ha existido, entre Tom y yo. Pero si te he de ser sincero. Era mucho más que un cliente. Para mí era un amigo muy querido a quién le debía la vida._ Dijo con cierto tono de pena en su voz._ Y por esa misma razón te ayudaré en lo que necesites pero no pienso involucrarme en el mundo de los cazadores.
                _ Tranquilo, no pensaba hacerlo.
                No había sido necesario decirle que yo también era una cazadora, él ya lo sabía.
                _ Te proporcionaré aquello que me pidas pero nada más. Empezando por el alojamiento. _ Con la mirada señaló las llaves, pidiéndome en silencio que las cogiese._ Esas llaves pertenecen a un apartamento que Tom me pidió que adquiriese hace bastante tiempo. Desconozco el estado en el que se encuentra.
                Lentamente caminé, paso a paso, hacia las pertenencias de Tom. 
                Cogí las llaves y el maletín, y con las manos llenas me volví para darle la espalda.
                _ El edificio está muy cerca de aquí. Solo tienes que cruzar la siguiente calle, no tiene perdida. _ Comentó._ Pero por si tienes mala orientación…
                ¿Se estaba burlando de mí? Maldito cretino.
                _ Calle 325 de la avenida Sand Sunny, el edificio número 13.
                _ ¿El 13?_ Repetí sorprendida. Un número adecuado, ¿no?
                 _ Espero no volverte a ver por aquí._ Soltó con seriedad.
                _ Dudo que tengas esa suerte._ Le respondí con mordacidad.
               
MINUTOS MÁS TARDE (En el edificio de apartamentos)

                Cuando dijo que el edificio de apartamentos estaba cerca de aquí nunca me imaginé que estuviera enfrente de la guarida. Podría haberse ahorrado tanta palabrería y haberme indicado correctamente donde se encontraba pero prefirió ir con rodeos.
                Entré al interior, cerrando la puerta a mi paso.
                   El apartamento era pequeño pero eso era lo de menos. 
        Es cierto que durante muchos años estuve viviendo en una casa inmensa y aquel apartamento me recordaba más a una pequeña celda pero no podía permitirme el lujo de rechistar y ser una señorita. A fin de cuentas era el lugar que Tom había escogido y que por alguna razón me lo había cedido. Seguramente supo prevenir su futuro. No era de extrañar, él siempre se adelantaba a los acontecimientos para que éstos no le sorprendieran.
                Coloqué el maletín sobre la pequeña mesa de café. 
          No sabría explicarlo pero de alguna manera algo me impedía que mirase en el interior. Debería haber hecho caso a mi instinto porque lo que hallé fue mucho más doloroso de lo que imaginé. Dinero y una pequeña carta.  
               Tom, de alguna manera, siempre conseguía sorprenderme. En verdad, por más tiempo que hayamos pasado juntos, nunca he sabido cómo pensaba. Sabía ocultar a la perfección todos sus pensamientos. Para mí siempre ha sido y seguirá siendo todo un misterio.
                Me dejó todo lo que necesitaba: un apartamento y todo el dinero necesario para salir adelante. ¿De verdad pensaba solucionar mi vida de esa manera?  Realmente nunca entenderé porqué me ofreció la oportunidad de empezar de nuevo cuando él conocía el motivo que me impulsaba a seguir siendo una cazadora. Pero en el fondo, ni siquiera estaba segura si la venganza era mi verdadero motivo. Tal vez, siempre estuve equivocada. Y eso… lo supe más tarde.
                El sonido de unos golpes en la puerta me hizo aterrizar en el acto, abandonando mis pensamientos. ¿Quién podía ser? Solo había una persona que sabía dónde me encontraba. Seguramente había optado por hacerme una visita después de nuestro primer encuentro. Pero nuevamente estuve equivocada. Nunca pensé encontrarme con aquella persona al otro lado de la puerta. Ni siquiera me habría imaginado que esa persona me brindara su sonrisa sin ningún tipo de intención oculta. ¿En verdad puede existir en este mundo una persona cuya alma sea  tan bella? Pensé que su existencia era imposible que pudiese existir pero cuando la conocí supe que en verdad siempre he estado equivocada.
                _ Hola, soy tu vecina de enfrente._ Soltó sin dejar de sonreír._ Me llamo Lily.
                _ Yo…, em. _ Me había dejado sin palabras. Nunca antes me habían abordado de esa manera tan directa.
                _ ¿Y tu nombre?_ Preguntó
                _  Beth._ Le respondí. 
                _ Arréglate en un momento y salgamos a celebrar que acabas de convertirte en mi vecina de enfrente. _ Dijo sin detenerse a respirar. Hablaba a toda velocidad y con una energía increíble.
                _ Debes disculparme pero yo…
                _ No hay problema con ello.
                Antes de darme cuenta se volvió y caminó hacia la puerta de enfrente. A los pocos segundos apareció en mi apartamento con ropa entre sus manos. 
                  ¿No tenía pensado en darse por vencida? Menuda mujer tan testaruda.
                _ No es necesario que me la devuelvas. Esta ropa me la regalaron en mi trabajo._ Explicó sin dejar de sonreír.
                _ ¿Trabajo?_ Cada vez me desconcertaba más.
                _ Soy modelo. _ Respondió orgullosa de sí misma._ Venga, no tardes y salgamos que la noche es joven.
                Fácilmente consiguió convencerme. Apenas nos conocíamos y ya me trataba como si fuéramos grandes amigas. Algo debía andar mal en ella o…, puede que siempre haya sido yo la que tuviese algo mal.
            Era la primera vez que alguien me trababa de esa manera y, por raro que parezca, me estaba empezando a gustar.
                Cuando salí del baño, ella me esperaba con los ojos abiertos como platos del asombro. Sus ojos me revisaron de arriba abajo. 
                _ ¡Estas alucinante! Podrías ser modelo ¿lo sabías?
                _ Mejor no._ Repliqué con brusquedad.
                Pero no le importó mis palabras. Ella siguió mirándome asombrada.
                _ Ahora, vayamos al mejor club de la ciudad.
                Iba a ser una noche larga e interesante que me hubiese gustado repetir en más de una ocasión si el tiempo me lo hubiese permitido.  






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