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Aqui os dejo el capitulo 3 de Sangre Negra (aún sigo estudiando un posible titulo, y si alguien quiere sugerir ideas son bienvenidas). El capitulo viene con el nombre de Brujas. Se revelará parte de la historia que vive en la mansión junto con Kimberly y Ewan. Es una historia que llevo bastante tiempo escribiendo. Espero que os guste. Debajo os dejo el link:

Capitulo 3

En caso de haber algún error con el link no dudéis de informar.

Gracias.
Este es el segundo capitulo de Sangre Negra (título temporal). Es un poco largo. Espero que os guste y os resulte interesante esta historia. Quiero explicar que intentó que el personaje protagonista sea una mujer luchadora que tiene que enfrentarse con su nueva naturaleza. Bueno, espero que os agrade.

Capitulo 2: ¿Una segunda oportunidad?

                _ “Despierta”_ Ordenó la voz de la mujer de mis sueños.
                Abrí los ojos con rapidez, sintiendo el miedo recorrer todo mi cuerpo. Miedo por verla delante de mí con mi corazón en su mano. Una imagen que iba a ser incapaz de borrar con tanta facilidad. Pero en su lugar candelabros colgados en la pared iluminaban la habitación con sus velas rojas encendidas. Una habitación sin ventanas. Un enorme armario de madera antigua con trazados llenos de historia enfrente. A su lado, un inmenso espejo de cuerpo entero. Las paredes de ladrillo blanco y el suelo recubierto de madera oscura.  Ningún tipo de decoración que no fuesen los mismos, y pocos, muebles.  Y tan solo dos puertas, la del baño y la salida. Nunca antes había estado en aquel lugar. Tan sombrío y siniestro. Daba la impresión de ser una mazmorra medieval donde llevar a las víctimas antes de torturarlas. ¿Estaba realmente en un castillo? Imposible. La ciudad de Nueva York carecía de castillos históricos donde llevar a los turistas.
                Dejé caer mis pies, aún descalzos, sobre el suelo y lentamente caminé hacia la puerta de metal. Con sigilo la abrí, asomándome seguidamente por el corto hueco que había dejado entre el encierro y la salida. Solo pude ver un largo pasillo por el cual ni una sola presencia caminaba. Llegué a pensar que todo debía de tratarse de una broma de mal gusto. Desde mi despertar en el cementerio hasta…, no quería recordarlo. Salí de la habitación y caminé por aquel pasillo mientras desviaba mis ojos de un lado a otro vigilando cualquier movimiento inoportuno. Pero al final solo hallé otra puerta, que esta vez no estaba cerrada. Abierta porque alguien ya me esperaba al otro lado. Debió de escuchar mis pasos al caminar porque su voz retumbo en las estrechas paredes.
                _ Te has despertado antes de lo esperado. _ Dijo la voz de un hombre.
                El miedo me invadió pero eso no impidió el dirigirme al interior de la habitación. A esas alturas era mejor arriesgarse y enfrentarse a los acontecimientos antes de que éstos golpeasen mi trasero.  Mejor ser valiente que una maldita cobarde. Mejor morir que vivir sin saber la verdad. Supongo que pueden resultar ideas un tanto extrañas.
                Cruce la puerta para entrar en una enorme sala en donde solo había al fondo  una enorme chimenea de piedra rústica. Enfrente de ella se encontraba aquel hombre, vestido con un largo abrigo negro de piel. De cabello blanco como la nieve. Mirando con fijación al fuego que se encontraba delante de él.   ¿Podría tratarse del mismo ser que jodió mi vida? Un hombre alto, vistiendo un largo abrigo negro. Sin embargo, existía la posibilidad de ser una coincidencia. ¿Iba a perder el tiempo con gilipolleces? Furiosa por lo que me había hecho Corrí hacia él pero antes de estar lo suficientemente cerca para golpearle, él se encontraba al otro lado de la sala. ¿Cómo lo había hecho? Me deshice de las preguntas y volví al ataque pero él volvió a esquivarlo con facilidad, casi resultaba imperceptible sus movimientos. Demasiado rápidos para seguirle. Al final, caí al suelo cansada. Él me miró mientras se acerca, colocándose delante de mí a muy poca distancia. No mostraba ninguna emoción en su rostro. De pronto sentí un extraño ardoz en la garganta.  Sentía como si me estuvieran atravesando mi garganta con miles de agujas.
                _ ¿Qué me ha hecho?_ Pregunté mientras la necesidad de llorar afloraba pero era incapaz de derramar una sola lágrima. Llevé la mano hacia mis ojos, notando la piel que se encontraba debajo, completamente seca. Ni una sola lágrima que la humedeciera.
                _ Supongo que ya eres consciente de los verdaderos hechos. Morir para después regresar como un cadáver andante. _ Explicó sin evasivas._ Habrás notado como tu garganta arde al ver la sangre y como la sed que sientes se hace cada vez insoportable hasta el punto de aniquilar a cualquier ser que este en tu camino.
                _  ¿Qué soy? _ Le pregunté con la pequeña esperanza de obtener una respuesta contraria a las conclusiones que yo misma había sacado. Segura de haber dejado de ser un ser humano pero… no había podido averiguar lo que era. Si un maldito demonio o un espectro encarcelado entre el mundo de los vivos y los muertos. Debía de ser así porque no podía razonar otra explicación que no fuese esa.
                _ ¿Aún preguntas lo que eres? ¿Desconoces tu nueva naturaleza? Eres capaz de ignorar la nueva vida que el destino ha escogido para ti._ Se confirmó así mismo las sospechas que ya tenía sobre mí.
                Levanté la mirada para observar su rostro. De facciones suaves y bellas, sin una sola arruga a pesar de tener un cabello blanco como la nieve. Sus ojos negros comenzaron a cambiar a un color carmesí. De su labio superior sobresalían dos colmillos afilados. Idénticos a los de ese callejón. No era el mismo hombre pero su apariencia era similar. Me miraba sin señales de alma en su interior. Ninguna emoción. Frío como el hielo. Carente de emociones.  Inmóvil como una simple estatua de mármol.
                _ Ya no eres humana. _ Contestó esbozando una gran sonrisa._ Eres lo que los humanos han llamado durante siglos, un no muerto. Un hijo de la oscuridad. Un vampiro.
                El ser que estaba viendo, era el mismo ser que yo era. ¿Qué podría haber de humana en mi interior si fui capaz de descuartizar con mis propias manos a tres hombres que me superaban en altura, fuerza y maldad? Si fui capaz de hacerlo, entonces, nada bueno había en mi. Otra bestia más en este mundo oscuro.
                Rendida por aquella revelación  bajé la mirada y cerré los ojos con todas mis fuerzas. Ya no importaba nada más. Debía de olvidarme de todo lo que amaba. Mi vida arrebatada por las garras de un ser despreciable. Un destino y una nueva vida que no pedí vivir. ¿Por qué yo? ¿Qué había hecho de malo para acabar de esa manera?
                _ No deberías rendirte tan pronto. _ Comentó, observando  desde la altura la gran tristeza que me invadía. _ Has sido escogida para una segunda oportunidad y no deberías desaprovecharla de esa manera.
                Levanté la mirada asombrada por esas palabras. Tal vez llegaban a ser ciertas y llenas de sabiduría, pero estaba rota por dentro y nada iba a cambiar eso.
                Extendió su mano, ofreciéndola.
                _  Si tanto deseas morir puedes volver al agujero donde te encontré. Pero si escoges quedarte aquí tendrás que aprender a vivir con tu nueva naturaleza y regirte a las nuevas normas con las que los vampiros nos identificamos. _ Explicó severamente._ No obstante, el pasado ya no volverá. ¿Por qué no vivir el presente?
                Levanté el brazo, dejando mi mano sobre la suya y mientras nuestros ojos se encontraban me levanté del suelo. Gracias a sus palabras conseguí que esa soledad que tanto me angustiaba recuperar nunca apareciese. Nunca más sola.
                _ ¿Eliges vivir?_ Preguntó impaciente por conocer mi respuesta.
                _ No puedo elegir vivir cuando estoy muerta pero elijo buscar a la bestia que me dio dicho fin y acabar con su miserable existencia._ Respondí sagazmente. La venganza era lo único que me movía, y eso no lo iba a desperdiciar. Su muerte iba a ser mi principal objetivo, para así impedir que le arrebatase la vida a más personas.   
                _ Entonces no tenemos tiempo que perder. _  Se colocó a mi lado a gran velocidad,  en menos de un segundo, una velocidad extraordinaria. _ Daphne te proporcionara todo lo que necesites para instalarte.
                _ ¿Instalarme?
                _ Vamos a necesitar mucho tiempo para controlar tus instintos._ Explicó. Su voz sonaba sin ninguna emoción.
                Nuevamente volví a mirar toda la sala, preguntándome en qué lugar de la ciudad de Nueva York me encontraba recluida.  Yo solo conocía el centro de la ciudad. Rodeado de enormes edificios, el inmenso e increíble puente, los maravillosos monumentos  Esa noche otro nuevo mundo fue revelado. Un mito se hacía realidad. Ahora sabía que todo era posible en esta nueva vida.
Me acompaño a otra habitación donde poder descansar. Cuando llegamos a la puerta desapareció sin una despedida en su boca. Demasiadas verdades que debía asimilar para enfrentarme a este nuevo rumbo que aparecía ante mí.
Abrí la puerta para encontrarme con otra sorpresa. Una mujer de tez oscura estaba dentro, esperándome. Sus ojos eran marrones chocolate, con tanta dulzura y tristeza en ellos. Sus facciones suaves y delicadas, un rostro angelical sin duda. De sonrisa forzada por sentimientos y emociones que no sentía. De cabello cobrizo del mismo tono que los rayos del sol en un día de primavera. A mi lado, a pesar de medir algo más de un metro sesenta, resultaba ser bajita.  En cierto modo, debía de ser cuatro años menor. Era solo verla y sentía esa  atrayente sensación de protección. Como un peluche que deseas guardar de tu hermano mayor para que no acabe destrozándolo.
En las manos llevaba sábanas blancas que rápidamente dejó caer encima de la cama.  Se volvió para mirarme, pero me dio la sensación de evitar encontrar nuestras miradas. Temía hacerlo.  No pronunció palabra, solo se limitó a salir de la habitación para dejarme intimidad.  Tras cruzar el umbral cerró la puerta.  Cuando escuché el sonido de la puerta al cerrarse, caí de rodillas. Había intentado ser fuerte comprendiendo lo que estaba sucediendo. A veces intentas asimilar tanta verdad de golpe que resulta difícil hacerlo. Resignarme a la idea de olvidarme de mi yo del pasado para centrarme en un nuevo yo totalmente desconocido. Sentía un enorme dolor en el pecho, y las ansias  de llorar se hacían cada vez más fuertes. Solo una pregunta se replanteaba en mi angustiada mente, mientras mis ojos se desahogaban en miles de lágrimas secas: “¿Por qué yo?”.  Y de repente dejé que estas lágrimas siguieran derramándose con más fuerza, intentando capturar los pedazos rotos de mi alma mientras aún sintiera que estaba dentro. Sintiendo la primera lágrima derramarse por mi rostro aunque apenas fue perceptible. Pudo haberse tratado de una esperanza que se desvaneció con tanta rapidez que parecía ser un sueño irreal.
_ Nunca he deseado morir. No quise morir._ Dije a mis propios fantasmas personales entre sollozos.
Me daba cuenta de lo tarde que resultaba ser para despedirme de los seres que había amado. Habría sido menos doloroso despedirme de John y Sarah, pero ahora ellos lloraban mi pérdida. Ambos pensaban que me encontraba dentro de un ataúd a varios metros de profundidad, pero estaban equivocados. Ya no había nada dentro de aquella caja de madera.  Solo los signos de mi lucha por salir de ahí. Lloraban mi pérdida sin saber que seguía viva, convertida en un no muerto para acabar vagando durante toda la eternidad para estar siempre sola. Sola para toda larga existencia. Ese era mi castigo por un crimen que nunca cometí pero del cual no dudaría en vengarme.
Decidida en alcanzar un único objetivo, una única meta, la muerte del maldito ser que cambió el rumbo de mi vida. Ahora íbamos a estar en idénticas condiciones, y esta vez iba a ser yo quien lo matase. Le arrancaría su maldito corazón para hacerlo en trozos, y  se lo  iba a hacer tragar.  Había decidido seguir adelante con esa idea en mente.

Durante una larga semana me enseñó las ventajas y las consecuencias de ser un vampiro, aunque estas últimas podía utilizarlas como ventaja si sabía jugar bien las cartas. Me explicó que relatos y mitos eran ciertos, y cuáles eran solo falsas historias que se alejaban de la realidad. La historia de la sangre real frente a la sangre negra. La primera, solo poder falso mientras que la segunda era la de más poder y a la que más se debía de temer si por desgracia se te cruzaba en tu camino. Se convirtió en un maestro que le enseña todo lo necesario que un vampiro novato debe saber para sobrevivir con su nuevo ser.  
Nos encontrábamos en otra sala, mucho más pequeña donde nos vimos por primera vez. Suelo y paredes recubiertas de madera antigua, con cierto toque elegante. Una gran alfombra con dibujos extravagantes extendida en el suelo. Lámparas de gas pegadas en cada esquina de la habitación. Un enorme cuadro al fondo (donde habría estado la chimenea al haber sido la sala grande) enmarcado con oro. El pintor había sido capaz de captar la tragedia y el horror que una guerra conllevaba.  Sangre en los cadáveres, en el suelo e incluso en los rostros de los que aún seguían con vida y luchaban por sus ideales. Innecesaria y siempre con consecuencias. Guerras sin sentido.  Estaba delante de ese mismo cuadro, observándolo fascinada por sus maravillosas pinceladas, energéticas y bellas, como habría deseado su autor.
El vampiro del pelo blanco estaba situado justo detrás de mí. Aún no había sido capaz de decirme su nombre, y  yo había temido preguntar. ¿Tras la muerte se puede conservar el nombre? Esa pregunta había sido respondida tras ver con mis propios ojos una lápida escrita con mi nombre. Esa noche juré que  iba a ser la última vez que volvería a oír el nombre de Kimberly. De alguna manera, éste ya no me pertenecía.  Ahora en adelante no tendría forma de llamarme (por el momento preferí que fuese así).
_ Tendrás muchas preguntas sobre nosotros._ Animó quedándose totalmente quieto a una distancia prudencial. Podía sentir su presencia cercana por su sangre pero también su lejanía. Algo difícil de comprender.
_ ¿Es cierto todas las leyendas a cerca de los vampiros? Espejos, ajos, crucifijos, agua bendita, luz solar,… ¿Qué es cierto?_ Pregunté recordando las viejas películas que Sarah solía llevarme a ver a causa de ser una forofa del género de terror. Las disfrutaba tanto que a veces solía estar hablando de una película de terror durante horas y horas, incluso días. Las había visto casi todas. Desde las películas de “Drácula” de Cristhoper Lee hasta las más modernas de las que siempre acaba ciertamente decepcionada. “El cine dejó de ser lo que era” solía decir cuando la película que acabábamos de ver no le había gustado.
_ Somos cadáveres, no espectros, por lo que si podemos reflejarnos en un espejo. Los ajos desprenden un olor desagradable pero no por ello morimos por tenerlos cerca. Los crucifijos es también un falso mito que los antiguos aldeanos del siglo V se inventaron para diferenciar a los humanos de los vampiros en casos de dudas. Lo que nos beneficio sin que su ignorancia se diera cuenta de ello. _ Soltó una breve risita malévola._ Eran demasiados idiotas por aquella época.                
_ ¿Y el agua bendita y la luz solar?
_ El agua sigue siendo otro rumor falso que los aldeanos inventaron en su tiempo. Pero la luz del sol es algo completamente distinto a lo que se han visto en las películas._ Dio varios pasos de un lado a otro al mismo tiempo que me volvía para observarle._ En cierto modo nuestra piel es frágil cuando la exponemos al sol, incluso puede arder bajo ella pero solo en caso de llevar tiempo sin alimentarnos de sangre. Nuestras heridas se cicatrizan y se curan rápido. Algunos vampiros poseen habilidades especiales que los hacen inmunes a los rayos.
_ ¿Inmunes?_ La imagen de mi mano abrasándose bajo los rayos del sol aparecieron en mi mente.
_ Son casos excepcionales. También están los que curan sus heridas a una velocidad imperceptible si beben la suficiente cantidad de sangre. Solo algunos vampiros han podido obtener esa habilidad con el transcurso del tiempo.  
_ ¿Cuándo se me quitara estas ansias de beber sangre?
_ Nunca._ Respondió con firmeza._ Deberás combatir con ello hasta que tu cuerpo se acostumbre. Si nos alimentáramos de los humanos hasta dejarlos sin una gota de sangre, tanto toda nuestra existencia como la de ellos se extinguiría. _ Torció una sonrisa retorcida._ Sería el fin de ambas razas._ Se detuvo llevándose las manos a la espalda, poniendo posición de antiguo conde. Daba la impresión de tener más años de los que él mismo dejaba entender. Algunas veces pensé que era de la Edad Media pero otras veces podía ver en él ciertas cualidades de los romanos. Estaba segura que era uno de los vampiros más antiguos que había tenido suerte de conocer. _ Hay muchas leyendas sobre nosotros pero también las hay de otras criaturas. Al fin y al cabo, todos somos hijos de la oscuridad, y algunos somos más reales de lo que los mortales creen saber.
_ La ficción puede resultar ser real como la vida misma, ¿no crees?_ Comenté sarcásticamente.
Volvió a torcer una amplia sonrisa, borrándola segundos después para poner su habitual expresión fría.
_ Antes de que expandas tus alas debemos asegurarnos que puedes controlar las  ansias de sangre, que puedes defenderte y atacar, y que conoces todas las formas que nosotros tenemos para morir.
_ ¿Qué hay de las estacas?_ Le pregunté riéndome al mismo tiempo. Resultaba una idea descabellada pero ¿por qué no? Todas las historias de vampiros tenían una estaca en común. Podría ser cierto en ese punto.  
_ Si quieres creer en las leyendas me parece bien pero cuando te claven la primera estaca de madera no te sorprendas si lo único que hallas es dolor. _ Relajó los brazos pero endureció aún más la expresión de su rostro._ Solo tenemos tres formas de morir y cada una corresponde a la categoría de vampiro que seas. _ Comenzó a numerar con la mano sin dejar de mirarme._ La única forma de matar a un vampiro de sangre corriente es cortándole la cabeza o atravesándole el corazón con plata._ Número la dos._ En el caso de ser una vampira reciente, con que solo penetren tu cuerpo con metal es suficiente.  Y…_ Señaló la número tres._ … en el caso de los vampiros antiguos, los de sangre pura y los de sangre negra pueden morir si se les arranca el corazón y lo destrozan. Supongo que tú tienes una forma mucho más interesante de morir. Rápida y sin dolor._ Aprovechándose de su gran habilidad se colocó detrás de mí al mismo tiempo que colocaba el filo de una espada bajo mi barbilla y una mano en forma de garra junto a mi corazón. Sentía la plata cercana a mi piel, como si fuese abrasarla en cualquier momento. Y sus dedos no se movían pero deseaban hacerlo. El deseo fuerte de arrancar el corazón a un vampiro. _ ¿Puedes sentir la plata cerca? Cuando roza nuestra piel puede conseguir abrasarla como la exposición al sol y hacernos sangrar sin que la hemorragia se corte, al menos que se consuma la suficiente sangre fresca para cerrar las heridas. Esa es tu gran debilidad y solo el tiempo lo cambiara.
_ ¿Cuánto?
_ Un año de vida es suficiente para eliminar el problema.
_ Después obtendrás otra alternativa a la muerte pero serás lo suficientemente fuerte, rápida y hábil para evitar que ocurra. Por esa razón estoy aquí. Tienes un destino que desconoces y que no te puede ser revelado por el momento. Pero paciente, el tiempo transcurre  a nuestro favor. Los días serán horas para ti y cuando quieras darte cuenta…, verás cómo el mundo ha evolucionado sin ti.   
Apartó la plata de mi piel y su mano de mi pecho.
_ Protegerte debería ser primordial si quieres sobrevivir.  Debes estar constantemente en alerta y vigilar tú alrededor para no llevarte una desagradable sorpresa._ Sugirió.
Rápidamente se aparto de mí, escondiendo el arma con la que tan solo unos segundos atrás había atacado. Demostró uno de los peligros que conllevaba la nueva vida. Siempre alerta, constantemente precavida y para toda la eternidad intentando sobrevivir ante las adversidades y las criaturas que acechaban en la oscuridad. ¿A quién debía de temer más, a vampiros recién convertidos o a los más antiguos? En esta nueva vida se debía de temer cualquier criatura cuyo deseo fuese matar. Ese era el precio a pagar por ser una maldita vampira. Un precio que nunca debí pagar a pesar de que el destino quiso que fuese así.
_ ¿Qué es lo que deseas realmente?_ Preguntó sin dejar de mirarme. Daba la impresión de intentar leer mis pensamientos más ocultos. Averiguar si mis palabras eran verdaderas, o si lo contrario, mentía por miedo.
_ Venganza. _ Contesté con firmeza. Ni siquiera tembló mi voz al pronunciar aquella palabra.
_ ¿Qué es lo que deseas realmente?_ Volvió a preguntar desconfiando de mi respuesta anterior. _ Para contestar debes conocer bien la respuesta. _ Dijo seguro de sus palabras.
Cerré los ojos, exhale profundamente.  Dejé la mente completamente en blanco, concentrándome para escuchar lo que mi interior tenía que decir al respecto. Solo así podía hallar la respuesta que él esperaba.  Y varias imágenes volvieron a golpearme para señalarme aquello que más ansiaba.

“John me miraba con una adorable sonrisa formada en sus labios. Esperando a que volviese a su lado para permanecer juntos como le prometí en una ocasión. Pero el pecho me dolía profundamente por no poder cumplir mi palabra. Yo ya no podía estar a su lado. Y cuando ambos comprendimos la realidad a la que nos tocaba enfrentarnos…, su rostro cambió por completo. Se volvió pálido hasta llegar a ser blanca como la nieve. Sus ojos ya no había comprensión sino dolor. Y su mirada… tan dura y fría por el despecho. Pero… de su pecho comenzó a mancharse de rojo. De su boca sobresalía un largo hilo de sangre.  El aroma que tanto me llamaba había vuelto para enloquecerme.  Quería ayudarlo, abrazarle con todas mis fuerzas pero el olor a sangre me impedía hacerlo. Y su rostro… ya no era el de John, sino que, ahora se trataba de Sarah. Un segundo más tarde era otra persona completamente desconocida. Al otro segundo era una vieja compañera de instituto. Al otro segundo era un profesor del colegio de primaria. Después era mi vecina con la que nunca había entablando conversación. Miles de rostros apareciendo y despareciendo a gran velocidad hasta que en  uno se detuvo  para darme la respuesta. El maldito ser que robo mi vida, que me alejo de todo lo que amaba,…. Estaba delante de mí con sus manos manchadas por mi propia sangre y sonriéndome victorioso por haber conseguido cumplir su objetivo. Se llevó la mano a la boca para saborear mi sangre, mostrando así sus dos enormes colmillos.  Y dejamos de estar solos para encontrarnos en medio de una calle transitada donde cientos de personas caminaban de un lado a otro ignorando a nuestras bestias. Solo él estaba concentrado en mí, olvidándose del resto de sus posibles víctimas. Indicándome que yo era especial para él por una razón que desconocía.  Tantas preguntas deseaba que fuesen respondidas, y lo serían.”

Abrí los ojos sabiendo la respuesta que debía de dar.  Él se encontraba delante esperando a que yo dijera las palabras adecuadas.
_ Lo que desea mi interior es venganza, lo que me pide mi corazón son respuestas y lo que mi alma debe hacer es proteger aquellos a los que he abandonado._ Me sinceré.
Sonrió encantado por la respuesta que le acababa de dar. Comenzó a caminar de un lado a otro. A veces se comportaba como un simple mortal y se olvidaba de su fría naturaleza.
_ Aprenderás a moverte a gran velocidad y a percibir el peligro desde gran distancia. Ocultarte de los mortales como de los enemigos será primordial. Te mostraré como controlar la sed de sangre. Y deberás conocer todas las técnicas de lucha._ Se detuvo poniendo nuevamente sus ojos sobre mí, revisándome de arriba abajo._ A partir de ahora deberás desprenderte de tu pasado. No pensar en éste, y mucho menos, tener contacto con tus seres queridos. En adelante debes ser otra persona distinta con otra identidad. Nunca deberán relacionarte con Kimberly Watson.
_ No vuelvas a pronunciar ese nombre maldito._ Gruñí en respuesta.
Sonrió complacido por mi oportuno cometario.
_ El sol está a punto de salir. Vuelve a tu habitación e intenta descansar. _ Se acercó colocando su mano sobre mi hombro._ Me alegra que hayas tomado la decisión acertada._ Se apartó dejando su mano caer y volviéndose para darme la espalda.
Camino hacia adelante para situarse delante del cuadro.
_ ¿Quién eres realmente?_ Más que una pregunta era una petición. Nunca mencionó su nombre a pesar de las dos largas charlas que mantuvimos desde mi llegada.
_ Puedes llamarme Ewan.
_  Y a mi Kisha._ Dije sin pensar ya que ese nombre significaba mucho más de lo que cualquiera podría haber sospechado. Un nombre que perteneció a mi madre, la cual nunca conocí porque murió cuando era pequeña. A veces dolía la idea de no haber muerto para reunirme con mis padres pero si quería sobrevivir en esta selva debía dejar el dolor apartado a un lado y seguir hacia adelante con la seguridad en mi misma.
Salí de la sala y caminé por el largo pasillo para dirigirme a la habitación. Cuando tan solo faltaba dos metros para llegar  la mujer,  cuyo nombre desconocía, salía. Supe al verla que para ella no era necesario ver mi presencia sino que la sentía. Su cuerpo temblaba aterrorizado al verme pero intentaba evitar a toda costa que yo me percatase de ello. Un miedo que ella debía conocer en toda su esencia. Caminó deprisa sin apenas dedicarme una sola mirada. Quise detenerla para pedirle que no se asustara de mí pero… ¿cómo reprocharle el miedo si yo misma había sentido lo mismo en una ocasión? Incluso, tenía miedo de mi misma por esta nueva naturaleza.
Abrí la puerta y crucé, cerrándola tras de mí. La mujer había dejado una  toalla y algo de ropa limpia encima de la cama. Por alguna razón desconocida ella obedecía a Ewan a sabiendas de ser un vampiro. ¿Lealtad por un ser que podría acabar con su vida? Debía sentirse a salvo a su lado, ¿podría haber otro motivo? Cogí  la toalla y me metí al baño al mismo tiempo que me quitaba la ropa y la dejaba caer al suelo. Abrí los grifos dejando que el agua saliese lo más ardiente posible. ¿Sería capaz de sentir su ardor o solo habría frio? Mi piel era blanca y helada como la misma nieve. Al fin y al cabo era un cadáver andante que recientemente había salido de su propia tumba.  Colgué la toalla en el toallero y sumergí la punta del pie para comprobar el estado del agua. Nada. Ni siquiera sentía algo de calor en la piel. Sumergí todo mi cuerpo desnudo en el agua y dejé que la paz me envolviese para olvidar por un solo instante la vampira que llevaba dentro. Cerré los ojos dejando la mente en blanco. No deseaba recordar el pasado, no quería pensar, solo saborear el estado tranquilo en el que se encontraba nadando mi subconsciente.

“Colmillos manchados de sangre. Miles de manos intentando acercarse a mí para agarrarme con desesperación. Ojos carmesí mirándome fijamente con la maldad escritos en ellos. Y a mi alrededor  solo oscuridad, nada más que oscuridad.
_ “Sangre negra” _ Dijo la misma voz que me había estado persiguiendo en mis últimos sueños. La misma mujer que arrancó mi corazón estaba ahí, escondida en algún lugar en medio de todo aquel terrorífico caos.
Unas manos sobresalieron de las demás para cogerme de los pies y empezaron a empujarme hacia ellos.  Caí al suelo intentando agarrarme a cualquier cosa que hubiese pero no había nada y esas manos seguían arrastrándome hacia dentro. “

Abrí los ojos rápidamente para despertarme de aquel sueño sin sentido. ¿Por qué me atormentaban de esta manera? No había cometido un crimen. No tuve la culpa de morir para después revivir como una hija de la noche. ¿Por qué tenía que lidiar con estos sueños que carecían de sentido? Todos mandando el mismo mensaje: no derramar la sangre. ¿Qué sangre, la mía o la de otro ser? Cada vez estaba más confundida con todo. Demasiadas cosas que asimilar desde mi despertar y ninguna que pudiera darme razones de mi muerte.
Volví a relajarme en la bañera pero esta vez no cerré los ojos sino que dejé que las horas fluyeran en normalidad.  Tiempo era lo único que iba a sobrar en mi vida y eso ya lo había aceptado.

No vi el esplendoroso día pero si percibí su extremo calor. Era consciente de las consecuencias que sufriría si exponía mi piel ignorando el peligro. Ya no existía nada humano en mí y la piel abrasándose lo había demostrado en una ocasión. Nunca más podría sentir los rayos sobre todo mi cuerpo. Ver el maravilloso amanecer se alejaba de mis posibilidades. Nunca más contemplaría esa bella imagen para deleitarme. Olvidarme de ser una chica normal entraba en mis nuevos planes para sobrevivir en un mundo donde la sangre era pagada con la muerte.
Durante las horas del día no dormí, no cerré los ojos. Era difícil cerrarlo ya que suponía un nuevo encuentro con la bestia que me arranco de la vida y con mis temores. En todos mis sueños la sangre me seguía a cada paso que daba, siempre fija, siempre mostrándome mi naturaleza. Y los cadáveres de miles de personas con el horror marcados en sus miradas. ¿Olvidar? No, incapaz de borrar la sensación de impotencia cuando me encontraba ante la posibilidad de salvar sus vidas. Ignoraba como hacerlo.  Preguntarme ¿por qué esas imágenes? Constantemente. Resultaba inevitable no cuestionarme la razón de ello. Del mismo modo que me preguntaba qué razón existía para ver todo aquel horror, también entraba en juego el significado que querían transmitir. De algún modo sentía que estaba siendo castigada por ser un vampiro, por tener un nuevo yo que nunca deseé. Ese era el precio que tuve que pagar sin haberlo pedido. Lo único de lo que estaba segura  era la decisión de cobrarme la deuda que me habían dejado, y para ello debía de buscar a la bestia y vengarme por alejarme de todo lo que más amaba. Ahora poseía la oportunidad de evitar que mis sueños se convirtiesen en realidad. No más muertes innecesarias que aquellos que habían sido arrebatados de la vida para ser transformados en simples peones cuyos hilos movía la bestia que en una noche trágica conocí.
Inconscientemente recordé el aroma a sangre de mis sueños. Deliciosa y fresca en toda su esencia. Aclamando toda mi atención. Rápidamente lleve ambas manos a mi garganta, me ardía tanto que llegaba a doler. Una sensación escalofriantemente habitual en mí. Odiaba tener la necesidad de alimentar el depredador que guardaba en mi interior. No quería alimentarme con sangre. No quería matar a ningún humano por tener que sobrevivir. Debía soportar el dolor que producía no saciar mi sed. ¿Cómo iba a ser capaz de beber la sangre de una persona? Ni siquiera sabía el modo de usar los colmillos. Introduje la punta de los dedos al interior de mi boca y temblorosamente los busqué pero no estaban donde se suponían que debían estar. Acaso ¿iba a ser la única vampira sin colmillos con los que morder?
Me levanté de la bañera, saliendo de ella para colocarme delante del espejo. Pasé la mano para quitar la parte de vaho que el vapor del agua caliente había dejado. Observé detenidamente mi reflejo. Aparentemente seguía siendo la misma. Mi larga melena ondulada y rubia que descansaba, mechón por mechón, sobre mis hombres y caía hasta la mitad de mi espalda. Aún mantenía el color esmeralda en mis ojos aunque lentamente estaban cambiando a un color más intenso, incluso más oscuro. Labios definidos y carnosos. Y mi piel… había palidecido hasta parecer un cadáver viviente (lo que realmente era).  Abrí la boca y volví a buscarlos. ¡No tenía colmillos! ¿Saldrían más adelante? O ¿solo cuando fuese el momento de beber sangre? Pero… ¿qué sabía realmente de los vampiros? Solo lo que Ewan me explicó. Mitos que no eran del todo ciertos y las diferentes formas de morir dependiendo de la clase de vampiros que se fuese.  Todo lo demás referente a los vampiros era desconocido para mí. Sabía algunas cosas basándome en el cine pero por lo visto casi todo lo que Ewan me dijo, la mayoría de las películas eran simples mitos que sacaban a los vampiros fuera del contexto real. Nadie suponía que su existencia llegase a real. Algo que nunca imaginé conocer de primera mano.
Seguí observando mi reflejo durante más tiempo. Buscando cualquier extrañez en mi cuerpo. Se podría decir que por un lado temía que mi apariencia cambiase al de un monstruo de las típicas películas de terror. Me negaba una evidencia crucial. Al fin y al cabo ya era un monstruo, una bestia, una hija de la noche. Tantos nombres para referirse a los vampiros pero ninguna que asegurara humanidad en ellos. Todos estos pensamientos no eran más que batallas con las que lidiar para entender qué era. No bastaba con lo que me dijeran sino que debía de averiguarlo por mí misma. Deseaba conservar la cordura y la pequeña humanidad que logré conserva en una pequeña parte guardada en mí ser durante la transición. Pero sin embargo debía de empezar a conocer esa otra parte que lentamente crecía y tarde o temprano iba a salir a la luz para oponerse.
                Tocaron a la puerta, apartándome de mis pensamientos. Rápidamente agarré el albornoz que colgaba en el perchero pegado detrás de la puerta. Me lo envolví, atándolo por mi cintura y salí del baño.
                Caminé hacia la puerta pero justo en el instante que estaba a punto de abrirla percibí ese aroma especial que enloquecía mi cordura. Tan sabroso al otro lado, como si el mejor trozo de carne hubiese sido colocado ahí para “ponerme los dientes largos”. La sensación de ardor en la garganta apareció repentinamente. Llegaba, incluso, a dolerme más que en otras ocasiones. Con tanta intensidad que las lágrimas estuvieron a punto de salir… (Un vampiro nunca podrá llorar, pero sí su alma. Lágrimas por la pena de sufrir un daño que no merecía). Llegaba a resultar insoportable, como si miles de agujas se clavasen en la garganta con la única intención de torturarme. Comencé a gemir por el dolor. Caí al suelo de rodillas al mismo tiempo que llevaba mis manos a la garganta. Y solo un único deseo apareció en mi mente “¡beber!”.
                La puerta se abrió y la mujer entró en la habitación. Se acerco corriendo, tirándose al suelo de rodillas para situarse a mí mismo nivel. No dijo ni una palabra. Y yo no la miré a la cara. No podía hacerlo. Temía hacerlo. Ella me agarró del brazo para levantarme. Los latidos de su corazón surgieron del silencio para romperlo e hipnotizarme con su sonido tranquilo. Y el aroma a sangre se intensificó con más gravedad. Cerré los ojos y la bestia salió de su escondrijo. Me abalancé sobre ella, colocándome encima suyo.  Olfateé el olor que sus venas desprendían. Dulce y embriagadora. Un trozo de carne bajo mis garras. Me acerque a ella para saborear con la punta de la lengua su piel delicada, su vena. Sentí dos fuertes pinchazos en el interior de mi boca. Era demasiado el deseo de beber su sangre que no llegué a sentir dolor alguno. Abrí la boca y fui acercándome milímetro a milímetro, pero mi alma intentaba impedir los propósitos de la bestia, resistiéndose con toda voluntad pero su intento resultaba inútil a causa de su debilidad, a causa del fuerte deseo. Y de repente algo golpeó mi vientre con tanta fuerza que me apartó de ella a gran velocidad para acabar estampándome contra la pared. Caí al suelo, deslizándome lentamente mientras la razón volvía a recuperar el lugar correspondiente.
                La mujer se levantó del suelo, elevando su cuerpo.  La punta de sus pies no rozaban el suelo. Se puso en pie como si alguien invisible la ayudase. No iba a perdonarme, algo que su mirada rabiosa dejaba claro. Sus ojos se volvieron blancos y de su mano comenzaron a salir chispas de electricidad. De su cuerpo surgieron numerosos brazos invisibles que se acercaron a  para agarrarme. Con la otra mano las movía a su voluntad. Me cogieron de las manos, de la cintura y del cuello, levantándome e incapacitándome para evitar escapatoria alguna. Intenté resistirme pero aquellas manos, apenas perceptibles, me agarraban con fuerza. Sus ojos blancos comenzaron a oscurecer.  Numerosos hilos negros invadieron su rostro como si se tratasen de venas que no poseían sangre. La bola de energía seguía haciéndose cada vez más grande, acumulando tanto poder en ella con el fin de destruir mi cuerpo inmortal. Y abrió su boca para pronunciar unas palabras carentes de significado.

“Noche oscura te llamo,
Poder negro te reclamo,
Entra en mi cuerpo
Para así cumplir mi deseo.”

                Dijo canturreando con una voz tan fina y dulce que daba escalofríos escucharla cuando su mirada y la presión de su rostro indicaban todo lo contrario. Y ese magnífico poder llegando a sus manos, acumulándose en esa bola brillando de intensidad, con un poder inimaginable. Solo surgió una pregunta en mi mente. ¿Qué era ella?
Sus ojos emitieron chispas cargadas con tanta fuerza que el suelo bajo sus pies temblaba, una energía que la rodeaba como un escudo pero que pronto desapareció para unirse a esa gran bola que estaba lo suficientemente grande para ser disparada hacia su blanco.
                No cerré los ojos. Ni siquiera la culpaba de ello. Al fin de cuentas había sido yo la causante de tal situación. Si hubiese podido soportar las ansias de sangre…, puede que… esa noche no hubiese descubierto su verdadera identidad. Esperé a su ataque.
                Ewan apareció de la nada, detrás de ella. Sujetó su brazo con fuerza para así detener su golpe maestro. Ella desvió la mirada para verle, furiosa y frustrada por no poder continuar pero después dejo salir un suspiro y se detuvo por sí misma. Bajó el  brazo vencida. Los brazos que me sujetaron desaparecieron justo en el mismo instante que ella se volvió y se dirigió hacia la puerta para salir por ella sin mirar atrás. Caí al suelo quedándome de rodillas frente a ellos. Esperaba su explicación pero, en cambio,  no dijo nada. Solo siguió hacia adelante sin reproches de quién había comenzado o qué motivo había ocasionado tal situación conflictiva. Solo un silencio por su parte y una mirada de disgusto en los ojos de él.
                _ No deberías enfurecerla._ Sugirió no tan amablemente.
                _ Si hubiese sido a propósito no me hubiese salido tan bien. _ Dije torciendo una sonrisa fingida mientras mis manos seguían temblando por la sed.
                _ Te ves mal._ Dijo suavizando la voz. _ ¡Demetry!_ Exclamó.
                Dió varios pasos acercándose. Extendió su brazo ofreciéndome su mano. Un recordatorio de aquella noche en la que estaba perdida y confusa por los acontecimientos de mi nueva vida como inmortal.  Fue esa noche que experimenté por primera vez el hambre, las ansias de beber sangre. La primera vez que manche mis manos. La primera vez que supe que nada bueno andaba en mí.  Aparté su mano delante de mis ojos.
                _ Esta vez no necesito tu mano para levantarme._ Dije ariscamente.  Era hora de dejar de mostrar debilidad y aceptar las consecuencias de mis actos.
                Me levanté del suelo con cierta dificultad, las piernas me temblaban incapaces de mantenerme por mucho tiempo en pie pero fingí fuerza, una fuerza que no poseía en esos momentos.  Débil resultaba ser la palabra más adecuada para referirse a la causa del repentino estado en el que me encontraba por la falta de alimento. Y esa debilidad había estado a punto de ocasionar una muerte inocente, algo que si hubiese sucedido nunca me lo habría perdonado. Liberar solo por un breve instante esa bestia encarcelada en el interior. Me detestaba por ello, me odiaba a mi misma por no ser capaz de mantenerla entre los barrotes que logré levantar para evitar su escapatoria. ¿Cómo iba a ser capaz de perdonarme la sensación de ceguera por las ansias de sangre? A punto de arrancar la carne con estas garras que una vez fueron manos.  A punto de perforar el cuello para absorber el único liquido capaz de deshabilitar mi lado humano.
                _ No debes ser tan dura contigo misma por tu debilidad. Aún estas conociendo tu nuevo ser, esta nueva vida. _ Dijo con suavidad intentando quitar importancia a lo ocurrido.
                Caminé hacia la cama donde deje caer mi cuerpo, sentándome sin dejar de mirar las manos que aún seguían temblándome, como una drogadicto que lleva varios días sin consumir.  Además el miedo de ver la compasión y la compresión en su  mirada no me hacia ningún bien. Era encontrarme con esos ojos para sentirme como la maldita bestia que en realidad era.
                Se acercó quedándose enfrente, a poca distancia. Levantó su brazo y llevo su mano hacia mi garganta que cada vez ardía con más intensidad hasta el punto de ser incapaz de articular palabra alguna sin sentir dolor.
                _ Sé lo difícil que resulta beber pero debes empezar a acostumbrarte a ello si quieres sobrevivir y ya tomaste esa decisión. _ Me recordó.
                Su voz dulce llegaba a tranquilizarme pero no borraba la angustia que sentía.
                _ ¿Por qué…?_ Tragué con dificultad._ ¿Por qué tenemos que matar para sobrevivir? ¿Por qué en definitiva somos animales?_ Pregunte sin mirarlo a los ojos._ Al fin de cuentas somos los depredadores más peligrosos, podemos cazar a humanos sin que nos descubran y todo por supervivencia.
                _ No somos los únicos depredadores. En este mundo existen criaturas de las que nunca has oído hablar o que simplemente creíste que eran mitos. _ Explicó con seguridad.
                De repente la imagen de la energía saliendo del cuerpo de esa mujer apareció en mi mente. ¿A caso se trataba de una criatura mágica? ¿Un hada? Demasiado increíble para ser cierto pero tampoco supe de la existencia de vampiros hasta que fui convertida en uno. Entonces, ¿podría ser cierto la existencia de ese tipo de criaturas? Supongo que en este mundo todo era posible.  
                _ ¡Demetry!_ Exclamó. Levanté la mirada para comprobar que seguía mirándome fijamente con la preocupación enmarcada en su rostro. Un cuadro lleno de ese sentimiento unido por la culpabilidad.
                Un hombre de unos cincuenta años de edad, de piel arrugada por la vejez, cabello canoso pero de tez pálida como la de un vampiro, ojos color de la noche y movimientos de los de un hijo de la oscuridad, apareció detrás de él.
                _ ¿Me llamaba? Mi señor_ Contestó al mismo tiempo que se inclinaba hacia adelante para hacer una reverencia. Su voz guardaba celosamente un cierto acento extranjero que nunca antes había escuchado.
                Llevaba la típica vestimenta de un mayordomo del siglo XVIII. Traje de chaqueta gris oscuro con mangas largas y una camisa blanca con ciertos volantes. Un reloj de bolsillo bastante antiguo pero cuidado perfectamente. Y sus gestos eran serviciales, sin embargo su mirada era precavida por mí, por Ewan. Daba la impresión de obedecer ciegamente a su amo por miedo a ser desterrado o castigado con una muerte eterna.
                _ Trae inmediatamente “čerstvá krev“._ Ordenó en otro idioma.
                _ Por supuesto._ Contestó antes de alejarse a gran velocidad. 
_ No me has dicho que es ella. _ Le acusé.
_ Creo que te puedes hacer una pequeña idea con los acontecimientos de esta noche. _ Evadió._ Solo ella tiene el derecho de revelar sus secretos.
Bufé furiosa por sus evasiones. No contestaba a mis preguntas.
Demetry,  el mayordomo regresó sujetando una copa en sus manos. Una copa llena con una sustancia roja muy familiar para todos los que aún permanecíamos en la habitación. Su aroma fresca impregnaba todo el lugar, enloqueciéndome por segundos. Las manos temblaban deseosas de coger esa copa y mi lengua se deslizaba por mis labios impaciente por bañarse en aquel líquido.  Y la garganta… en llamas pidiendo ser apagada.  Pero una parte de mi intentaba impedir lo inevitable. Castigaba mi mente con imágenes del pasado, con acontecimientos de los que era culpable por dejar a la bestia libre. Esos tres hombres descuartizados delante de mis ojos. La mirada asustada de esa mujer que acabó bajo mis garras. Los ojos sin vida de los rostros de mis sueños. ¿Por qué me castigaban así? Solo quería apagar esa sed que me volvía loca por saciar.  Yo no era culpable por desear aquello que más detestaba obtener.
_ ¡Aleja eso de mi vista!_ Grité desviando la mirada para otro lado mientras me encogía y me abrazaba a mi misma para evitar que me viesen temblar.
_ Tú misma._ Comentó encogiéndose de hombros._ A ver cuánto tiempo soportas sin beber hasta que la locura te invada y se adueñe de tu razón, y te obligue a hacerlo. _ Dijo furioso por mi reacción._ Tarde o temprano tendrás que habituarte a esto si no quieres acabar matando a alguien._ Sus palabras llegaron a mi pecho transformadas en apuñaladas. Utilizó lo sucedido para obligarme a entender que no tenía escapatoria.
_ Vete… a la… mierda._ Dije con cierta dificultad.
Se volvió dándome la espalda y salió de la habitación dejando un rastro de malhumor por el camino. Furioso por mis palabras, mi actitud, por mi lucha interior. No iba a convertirme en un maldito ser que se alimenta de sangre para sobrevivir, para alimentarse. Nunca, jamás lo haré si ello significa no matar a nadie.
El mayordomo colocó cuidadosamente  la copa en el suelo y salió rápidamente de la habitación cerrando la puerta a su paso.  Colocada delante de mí para ser castigada, para odiarme con más fuerza. Mis ojos se clavaron en el líquido rojo, centrándose en su textura y color.
_ “¿De verdad piensas morir por no beber sangre?” _ Preguntó una voz idéntica a la mía._ “Eres una estúpida si piensas que así vas a solucionar tus problemas”_ Dijo burlándose.
Levanté la mirada para comprobar que yo estaba delante pero mi apariencia era totalmente distinta. Mi cabello era oscuro con dos largos mechones blancos, mis ojos eran de un cierto color carmesí y tenía la mirada segura y decidida. Llevaba un largo vestido negro de tirantes y botas largas de tacón fino del mismo color. Y una cruz roja colgada en el cuello. Las uñas de mis manos y mis labios del mismo color de la sangre. Era yo pero con la bestia totalmente liberada y ocupando su lugar correspondiente.
_ “No niegues lo evidente”_ Dijo riéndose con diversión en su sonido._ “Pronto serás yo y eso… no podrás evitarlo”_ Previno sin dejar de sonreír.
_ ¡Vete al infierno!_ Le grité defendiéndome de sus ataques.
_ “Tienes que aprender diferenciar el infierno que tú misma creas con el infierno que pronto invadirá el mundo”
Se acercó deteniéndose a menos de medio metro de distancia. Me miró sonriendo y acercó su mano para agarrarme del mentón y obligarme a ver sus ojos.
_ “Mírate. Tiemblas por negarte a beber y mientras esa sensación de angustia te va invadiendo por dentro por culpa de tu testarudez.” _ Apretó el rostro con fuerza clavando las yemas en la piel._ “No eres más que una criatura indefensa y fácil de eliminar”_ Soltó mi rostro. Me golpeó con todas sus fuerzas tirándome al suelo, cerca de la copa y provocando que mis ojos se quedaran hipnotizados por la sangre. _ “Solo eres una maldita estúpida que deja que la debilidad la domine”_ Posó su pie en mi espalda, presionando con la punta del tacón, penetrando lentamente._ “Estas tirando a la basura esta segunda oportunidad”_ Presionó con más fuerza.
                Con sus fuertes manos me volvió para volverme a obligar ver su cruel rostro. Sonreía malévolamente, disfrutando de la desesperación de mi mirada.
                _ “No niegues lo evidente”
                Se inclinó hacia mí al mismo tiempo que cogía la copa y la acercaba a mi boca mientras sujetaba mis brazos con su otra mano. Dejó caer gotas de sangre a mis labios. Tan peligrosamente cerca.  Su aroma penetrando en mi interior sin poder evitarlo.
                _ “No te resistas”_ Ordenó mostrando sus colmillos._ “Tú y yo somos el mismo ser. Nunca podrás huir de la sangre”
                Mi boca se abrió para dejar salir la lengua que comenzó a saborear la sangre. Un sabor delicioso y embriagador, un sabor por el que mataría sin pensar. Un sabor único que solo podía apagar esas ansias que me corroían por dentro.  Agarré la copa y la sostuve entre mis manos, la incliné dejando que todo aquel magnifico liquido cayese dentro de mi boca, deslizándose en mi garganta y envenenando mi alma. Dejándome llevar por mi naturaleza como ella había ordenado. Cumpliendo hasta la última palabra que ella había dicho.
                Ella desapareció ante mis ojos, torciendo en sus labios una sonrisa victoriosa.
                Apoyé la mano, incorporándome lentamente hasta quedarme sentada en el suelo. Buscándola alarmada. Pero ella no volvió y en su lugar solo encontré la copa vacía en mi mano. No quedaba ni una sola gota. De mis labios se deslizó un fino hilo de sangre que rápidamente limpié con la mano.  Levanté la mirada. Mis ojos encontraron la imagen de una mujer cuyos ojos resplandecían del color carmesí y de su boca sobresalían dos afilados colmillos manchados de sangre. Esa mujer era… ¡Yo!. Furiosa, traicionada, dolida,… lancé la copa contra ella rompiéndola en varios trozos de cristal que acabaron delante de mí para castigarme con miles de imágenes del monstruo en el que me había convertido.

Siempre me han encantado las historias de vampiros y es por esa misma razón que decidí escribir una. Al intentar hacerla original ha salido diferente a lo que suelo escribir. Aún no he encontrado un titulo para esta historia, y bueno, si alguien desea aportar ideas para el título son bienvenidas. Espero que os guste este cambio. También quiero explicar que tanto Verdades ocultas como esta historia llevo bastante tiempo escribiéndolas y solo falta unos pocos campitulos, por lo que podré llevarlas sin dificultad. Iré subiendo poco a poco los capitulos.

La eternidad puede llegar a convertirse en tu más fiel aliada si a cambio le ofreces… LA  MUERTE.
 
Capitulo 1: Muerte o vida.
Percibía el aroma cargado de sangre. Esa esencia enigmática me rodeaba, aclamaba mi atención. Pronto comprendí que ese olor que tanto me llamaba procedía del pequeño río que se encontraba bajo pies. Éstos se encontraban sumergidos en su interior, descalzos y frágiles.  Y mis ojos no podían evitar observar aquel río  formado por la sangre de los miles de cadáveres que descansaban a cada lado, con los rostros consumidos por el miedo y el terror, sin vida en sus ojos. Todas personas inocentes que habían sido brutalmente asesinadas por seres de apariencia humana pero de fuerte comportamiento animal. Sin escrúpulos. Seres que solo pueden sobrevivir consumiendo a otros inferiores a ellos.
Si este era el futuro mundo que estaba presenciando… prefería morir. Los edificios destruidos, dejando escombros en su lugar. Incendios en cualquier rincón de la ciudad de Nueva York. Vehículos abandonados o estrellados. Gritos desgarradores llenos de terror. Disparos de armas de los pocos sobrevivientes que aún  mantenían esperanza de un mundo mejor en sus corazones. Y la noche eterna con una luna que resplandecía del mismo color que los ojos de aquellos seres. Una luna carmesí con lágrimas de sangre deslizándose en su espléndida esfera.  Ese era el mundo que estaba presenciando en lo alto del único edificio que por fortuna había conseguido mantenerse en pie durante la batalla que había estallado. Una guerra entre los otros y los humanos.
Yo debía de haber estado combatiendo también ya que en mi mano sujetaba con firmeza una espada cuyo filo estaba manchado de sangre que lentamente se deslizaba, gota a gota, al suelo hasta formar un enorme charco ubicado a mi derecha.  Sentía como unas gotas se deslizaban por mi rostro, no eran gotas de lluvia, sino mis propias lágrimas que salieron a la luz a causa de aquel infierno que estaba viendo. ¿Lloraba por mi vida? No. Lloraba por el fin de la humanidad ya que sabía en el fondo de mi corazón que había llegado. ¿Cómo negar lo evidente?
_  ¿Qué están viendo mis ojos? Estas llorando por ellos. _ Dijo una voz que apareció detrás de mí. Sentía su aroma formada por el olor a lilas y a la misma sangre. Alertándome. Sujetando con más fuerza el mango de la espada.
_ ¿Por qué ha ocurrido todo esto?_ Pregunté con el corazón dolido a causa de ver como a lo lejos aún seguían masacrando a los pocos supervivientes.
_ Deberías estar orgullosa ya que esto lo has provocado tú misma._ Aseguró severamente.   
_ ¿Qué has dicho?_ Dije sorprendida por sus palabras._ ¿Yo he sido la causante de este infierno?_ Pregunté incrédula a pesar de sentir la veracidad de aquellas palabras.
Me volví hacia esa persona quedándome enfrente de ella. Una mujer encapuchada, cuyo rostro ocultaba por alguna razón. Pero su voz, resultaba tan familiar. Sus brazos estaban rodeados por largos tallos con espinas, y todas provenían de una misma ubicación, de la rosa tatuada en sus manos.
_ Tú has sido la causante de todo esto y aún te sorprendes._ Afirmó con una cierta sonrisa       malévola marcada en sus labios.
_ Yo nunca he querido que ocurriese esto.
Antes de darme cuenta, ella desapareció delante de mis ojos para aparecer detrás de mí. Sus labios cerca de mi oreja. Sus manos agarrándome con fuerza  mis hombros, clavándome lentamente sus uñas. Su aliento erizaba cada fibra de mi piel. Estaba peligrosamente cerca.
_ Este es el final que tú has elegido. ¿Es que pretendes cambiarlo ahora que es demasiado tarde para todos ellos?_ Me preguntó esbozando una amplia sonrisa de satisfacción. _ Umm. Tu mente confundida llega a ser tan excitante._ Comentó al mismo tiempo que una de sus manos dejó de presionar mi cuerpo para deslizarla por mi mano, subiendo arriba hasta llegar al pecho donde se detuvo._ Tú eres la causante de todo esto._ La punta de sus dedos comenzaron a clavarse lentamente en mi pecho hasta que traspasaron la piel dejando que un hilo de sangre saliese a la luz._ Mira al montón de cadáveres. ¿No encuentras rostros familiares?_ Preguntó con cierta diversión en sus palabras.
Bajé la mirada para descubrir la realidad. Rostros de personas a las que tanto había amado, a las que tanto había deseado proteger y ahora… sus cuerpos desmembrados descansaban en el suelo con miradas de horror.
Clavó con más fuerza sus dedos en mi pecho provocando que escapase un gemido del dolor que me estaba produciendo. Incapaz de moverme, incapaz de resistirme a sus garras. Solo debía seguir sufriendo, no solo por el dolor que ella me producía sino también por aquellas imágenes que desgarraban mi alma. ¿Por qué tuvieron que morir? Sus ojos se clavaban en mí, culpándome. ¿Por qué me estaban culpando? ¿Qué era aquello que hice para  desatar aquel infierno? ¿De verdad fui yo la causante de todo lo que intentaban hacerme creer? O ¿Eran todo mentiras? Pero si hubiesen sido mentiras aquellos ojos no habrían intentado contestarme. La mirada acusadora de Elena Martínez. Los ojos llenos de aterradora sorpresa de mi mejor amiga Sarah. El rostro sin vida, con desesperación reflejada en cada facción  de John. La persona que amaba se encontraba sobre la montaña de cadáveres formada delante de mí. Quise gritar hasta que mi alma se rompiera en mil pedazos imposibles de juntar. Y sin darme cuenta, grite como había deseado. Tan fuerte, tan alto que el ruido de aquel infierno cesó de repente como si hubiese detenido por escuchar con atención de mis lamentos.
_ Veo que ya los has visto._ Comentó fascinada.
Sin darme cuenta comencé a llorar con más fuerza. Destrozada por dentro. Dolida por no haber sido capaz de salvar sus vidas. Habría sido capaz de dar mi vida a cambio de salvar las suyas. Lo habría hecho sin dudarlo un solo instante pero ya era tarde para ellos, tarde para mi, tarde para el mundo que dejo de ser el que era.
_  Las miradas de los cadáveres pueden rebelarte todo aquello que necesites saber  pero aún no ves más allá de lo evidente. _ Siguió susurrando cada una de esas palabras para castigarme._ Aún no escuchas sus súplicas porque sigues sin comprender el destino que se te ha escogido.
Siguió penetrando en mi cuerpo con la punta de sus dedos. Pero era tan fuerte el dolor que sentía en mi corazón por la pena y la tragedia que vivía que apenas sentía el daño que ella intentaba afligirme.
Estaba dispuesta a dejar que ella continuara. Si debía de morir, que fuese en aquel instante y en aquel lugar. Mirando los rostros de las personas que más había amado en la vida y que ya no estaban a mi lado. Debía acabar en el mismo infierno si no pude salvar sus vidas. Ser castigada por ser culpable de sus muertes.  Ese era el castigo que debía aceptar al otro lado.
_ Tu muerte no será suficiente castigo._ Afirmó malévolamente.
Con la punta de sus dedos rozo mi corazón, acariciándolo en cada latido. Jugueteando con el hasta que lo agarró con firmeza y lo sacó para que lo viese con mis propios ojos. Un corazón grande, aún latiendo a pesar de encontrarse fuera de lugar. Pero su color no era el que yo había imaginado. Negro y oscuro como la noche. Marchitándose como una rosa. Descomponiéndose en ceniza encima de la palma de su mano.
_ No puedes morir porque…. Ya- estas- muerta._ Dijo lentamente al mismo tiempo que deslizaba la punta de su lengua por mi cuello.
Lentamente mis ojos se cerraron dejando paso a la oscuridad.
_ ¡Despierta!_ Grito lo más alto posible, provocando que el suelo retumbase bajo mis pies. _ ¡Despierta!_ Volvió a gritar con más firmeza. Esa voz aún seguía sin desaparecer. ¿Qué quería de mí? Acaso, ¿no era ya demasiado castigo ver aquellas imágenes? Desaparecer. No quiero volver a escuchar tu voz. Vete. Lárgate y abandóname en esta oscuridad._ ¡Despierta! ¡Despierta!_ Gritó con furia.

Miles de recuerdos surgieron de la nada para castigarme por mi crimen. Todos a cámara rápida. Deseaba alcanzarlos con la mano para detenerlos porque sabía que una vez que pasaban por mi mente nunca volverían. Desaparecerían para toda la eternidad.
“Tumbada en la cama junto a John mientras me cubría con las sábanas blancas para ocultar mi rostro. Riéndonos, jugando como niños pequeños, disfrutando de aquel momento que la vida nos ofreció. Cuando él apartaba la sábana para destapar mi rostro, seguidamente la cogía con rapidez para hacer lo mismo que yo. Lanzando las sabanas hacia arriba, a cualquier lado. Abrazándonos y besándonos bajo ellas. Acariciándonos con toda la ternura que nuestras manos desprendían.  Susurrando palabras llenas de complicidad, llenas de un significado que solo nosotros dos éramos capaces de comprender.
La primera vez que John y yo nos besamos bajo la lluvia. La misma noche en la que cumplí dieciséis años y él confeso los sentimientos que durante años había guardado en su interior. 
El día en el que Sarah y yo nos graduamos. Celebrando que habíamos podido cumplir parte de nuestros sueños más deseados. Juntas y sonriendo felices por la victoria. Su brazo rodeándome la cintura con fuerza para no soltarme nunca ya que yo misma se lo pedí.
La graduación en la academia de policía de John. Vestido por primera vez de uniforme, con la suficiencia en su mirada y el honor en cada movimiento de su cuerpo. Jurando proteger a todos los ciudadanos de la enorme ciudad de Nueva York.
El momento en el que un anillo se interpuso entre los dos con el único objetivo de acabar en mi mano derecha mientras él prometía estar a mi lado para toda la vida si yo aceptaba ser su mujer. Deseaba tanto cumplir la promesa. Habría hecho todo lo necesario para cumplirla.  ¿Por qué no pude? ¿Qué ocurrió para evitar que yo lo hiciera?”

Esos recuerdos llenos de felicidad desaparecieron como me había temido. Y en su lugar llegaron aquellos que rebelaban mis peores sospechas. Acontecimientos pasados que sus consecuencias tuvieron el marcarme trágicamente con la única intención de desprenderme de lo único que aún había conseguido guardar con celo. Mi humanidad. Su sola presencia atacaba la poca cordura que aún quedaba en mi mente.

“Uñas afiladas arañaron mi piel. Fuertes garras me empujaron contra la pared. Su risa malévola cada vez más cerca. Y enormes ojos relucientes color carmesí. Colmillos sobresaliendo del labio superior. Mirada endemoniada.
Sentía miedo y aún así me preguntaba qué era lo que estaba sucediendo, si era posible su realidad. Temía que lo fuese porque el miedo lo confirmaba. Pero a pesar de todo deseaba con todas mis fuerzas que se tratara de una pesadilla o de una alucinación provocada por la cantidad de alcohol que mi cuerpo llevaba dentro.  El dolor que sus manos causaban en mis muñecas era real. ¡Todo era real! Una bestia ante mí con la intención de devorarme como si fuese su desafortunada  cena.
Se relamió los labios, disfrutando de la vista. El destino decidió convertirme esa noche en una presa que alimentara a un demonio sin alma.
Intenté soltarme, liberarme de aquellas fuertes garras pero todo movimiento era en vano. Increíblemente fuerte.
Salvajemente clavó sus colmillos en mi cuello, perforando con su punta dos pequeños agujeros por los que comenzó a succionar, bebiéndose toda mi sangre hasta que dejo la última gota para ofrecerme unos pocos minutos de vida. 
                Dejó caer mi cuerpo inerte al suelo al mismo tiempo que limpiaba mi sangre de su boca con la manga de su largo abrigo negro. Me miraba desde lo alto con una sonrisa llena de satisfacción ya que había conseguido aquello que ansiaba su ser.
                _ Te voy a dar una oportunidad única para que salves o no tu patética existencia._ Dijo seguidamente después de inclinarse en el suelo para verme más de cerca morir._ Te daré la oportunidad de morir dos veces._ Agarró mi cuello, elevándome. Mis manos suspendidas en el aire rozando el suelo con las uñas. A los pocos segundos me dejó caer como si no valiese nada, como si fuese una maldita muñeca con la que nadie quisiese jugar.
                Con solo mirarle ya sabía que iba a morir. No quería morir. No quería abandonar todo aquello que me importaba. Mi prometido, mi mejor amiga, mi trabajo, mi casa, esos momentos llenos de felicidad. No quería alejarme del amor y de la amistad que por fortuna siempre estuvieron a mi lado cuando más lo necesitaba y que encontré en manos de esas personas que siempre me apoyaron a toda costa, evitando que la soledad con la que fui marcada de niña desapareciera para siempre.
                Con sus uñas afiladas se corto la muñeca, que rápidamente colocó encima de mi cabeza para dejar que su sangre cayera gota a gota sobre todo mi rostro. La primera se estampó contra mi mejilla, como un maldito puñal. La siguiente sobre mis labios. Sentía arcadas al tener ese asqueroso líquido sobre mi boca.
                Se levantó del suelo riéndose como si todo hubiese sido parte de un maldito juego en el que él fuese ganador por conocer las reglas. A gran velocidad levantó su pie y utilizando toda su fuerza golpeó mi pecho, una y  otra vez hasta que la oscuridad borró su silueta pero no se deshizo de su risa. Podía escuchar cómo se alejaba a gran velocidad.
                Un maldito demonio se cruzó en mi camino para arrebatarme una vida que adoraba. No hubo motivos, ni siquiera dió una explicación para tal brutalidad. Y mucho menos me resignaba a que lo sucedido fuese real. Porque en mi mundo las bestias con apariencia humana solo eran mitos escritos en libros que solo las personas leían para entretenerse o sumergirse  en un  mundo tenebroso y embrujado donde es necesario derramar sangre para sobrevivir.”

Abrí  los ojos de golpe pero la oscuridad seguía ahí. Desesperada por el miedo de no ver más que no fuera eso, busqué con la mirada hasta que encontré un resplandor capaz de iluminar un poco de penumbra.  Intenté alcanzar aquél pequeño resplandor hasta que éste fue lo suficientemente grande para comprender que se trataba de la misma luna que había visto en mis sueños. Pero su apariencia era más hermosa, brillante y resplandeciente con su luz blanca. Pero su bella imagen desapareció tras las nubes negras que soltaron sus gotas, lo más parecido a lágrimas que la luna derramaba por encontrarse triste. ¿Por qué no las sentía?  En ese momento pensé que debía estar bajo algún refugio donde me estaba protegiendo de ella. De alguna extraña manera deseaba sentirlas para percibir vida en mí.  
Lentamente moví los dedos de las manos. Dolía al hacerlo. ¿Por qué me dolía tanto? Como si me clavaran púas en los nudillos. Con las manos temblando, me levanté del suelo quedándome, con cierta dificultad en pie. Tampoco sentía las plantas de mis pies. ¿Y por qué estaba descalza? Las piernas me temblaban como gelatina, temiendo caer en cualquier segundo. Instintivamente me llevé los dedos al cuello, buscando con las yemas dos pequeñas incisiones. Nada. Solo se trató de una maldita pesadilla. Di varios pasos hacia adelante, pisando con firmeza ya que apenas sentía el peso de mis pies al caer al suelo.
Me sentía extrañamente rara. Apenas podía sentir con el tacto. Lo veía todo borroso y con cierta dificultad (como si necesitase lentes pero… siempre tuve una visión perfecta). Escuchaba las gotas estamparse contra el suelo como si hubiesen aumentado mil veces su sonido. Y millones de aromas distintos mezclados en el mismo ambiente.
La garganta la sentía áspera. ¿Acaso estaba enferma? Si eso era cierto ¿por qué no estaba en la habitación de un hospital? Pensé que era producto de otra pesadilla más.   Los pies se enredaron y antes de poder evitarlo perdí el equilibrio, caí frente una enorme piedra grisácea. En ella había un nombre escrito.
“Kimberly Watson, hija y amiga. Que tu alma descanse para siempre.”
Ese nombre,… ¡ese nombre! ¡No! ¡Ese nombre! Me llamaban con ese mismo nombre. Mi propio nombre escrito en una enorme piedra grisácea con forma de lápida. Y la tierra mojada debajo de mí. Tierra que había sido removida unos minutos atrás. Trozos de madera esparcidos por el suelo. Y mis manos…, al observarlas comprendí que era lo que me causaba aquel dolor. Astillas clavadas. Astillas de la misma ataúd por donde había salido.
                _ No puede ser. No puedo estar… muerta._ Furiosa por la cruel imagen que se encontraba delante de mí, golpeé con todas mis fuerzas el suelo. Una y otra vez, sin dejar de llorar lágrimas apenas perceptibles por mi piel. Dolida y destrozada. Sentía tanta rabia y odio por el ser causante de mi trágico fin.
Alcé la mirada hacia la luna. Ahora comprendía su tristeza. Ahora era consciente del motivo de sus lágrimas. Grité todo lo alto que el tiempo me permitió, desprendiéndome de la parte humana que ya no podía descansar dentro de mí. Ahora, en su lugar se encontraba una bestia a punto de salir para aullar y desgarrar mi alma al mismo tiempo que las imágenes de mi vida volvían a pasar a cámara rápida. En ese preciso instante morí definitivamente.

                A partir de ahí pequeños fragmentos de la realidad mezclados con desvariadas alucinaciones perduraron en mi cabeza.  Realidad o ficción, aún sigo averiguando que pertenecía a cada una.  Pero fuese de un lado u otro, esas imágenes me asustaron hasta hacerme sentir como el ser más frágil en un mundo donde los monstruos reinaban. Miedo por ser devorada por esa misma emoción. Aterrada por las miles de imágenes que golpeaban en mi mente en medio de la oscuridad en la que había sido envuelta.  Solo podía ver por un pequeño agujero. Rostros marcados por la sangre. Multitud de personas cruzándose en mi camino sin percatarse de mi presencia, sujetando en sus manos paraguas con el fin de protegerse de la lluvia que era testigo de mi fatalidad. Un camino largo y estrecho con verjas a ambos lados y enormes cubos metalizados que ardían con intensidad para calentar los cuerpos helados de aquellos hombres y mujeres que me observaban inquietos por mi extraña aparición. De repente tuve que detenerme al encontrarme con tres hombres que comenzaron a zarandearme como si fuese una maldita pelota. A parte de cómo disfrutaban jugando conmigo de esa manera, sus risas maquiavélicas nunca pude borrarlas. Segundos después la oscuridad volvió acechando para recuperar su lugar correspondiente y solo breves imágenes he logrado recordar con el transcurso del tiempo  pero ni siquiera soy capaz de comprender si eran de verdad o solo se trataban de mi repentina locura. 
                Corriendo en  la oscuridad mientras las risas llenas de diversión de esos tres hombres me seguían. Retrocedía lentamente, atrapada en un edificio abandonado donde solo estábamos ellos y yo. Sacaron sus navajas enseñándome sus relucientes y manchados filos cortantes. No llegaba a entender la razón por la cual llegué a encontrarme en esa situación en la que el pánico era la emoción jerárquicamente superior a todas las demás.  Uno de ellos agitó la navaja hacia mí. La acercaba y la apartaba, todo un juego para ellos. Pero su filo llegó a cortarme en el brazo haciendo un largo arañazo profundo por el que la sangre sobresalió para deslizarse por toda mi piel en un fino y delgado hilo rojo. En ese preciso instante se borró todo. La poca conciencia que aún quedaba en mi interior desapareció para tiempo después aparecer y encontrarse con lo más terrorífico jamás presenciando en mi vida.
                Esos tres hombres que se habían propuesto divertirse con mi cuerpo ahora… descansaban descuartizados a menos de medio metro de distancia. Tanto sus cabezas como sus brazos y piernas habían acabado siendo arrancadas, y esparcidas en el suelo como simples deshechos.  Y sus lenguas sacadas de sus bocas para acabar encima de sus cuerpos. Asustada di varios pasos hacia atrás, tropezándome con un brazo que había acabado detrás de mí para hacerme perder el equilibrio y caer de culo al suelo polvoriento. Llorando aterrorizada, cogí ese miembro y lo lancé lo más lejos de mí. No quería seguir contemplando aquel horror. Deseaba despertar de la pesadilla en la que me encontraba sumergida. Pero… ¡mi manos! Manchadas de sangre. ¡Su sangre! ¿Qué había hecho? ¿Por qué no podía recordar lo que había hecho? Y ¿por qué la garganta me ardía incontrolablemente por el olor de esa sangre esparcida ante mis ojos? ¿En qué me había convertido? Ahora sabía que algo andaba mal en mí, que yo era la culpable de esas muertes pero… también sabía que todo había sido un accidente que no pude evitar. ¿Por qué el destino quiso castigarme con esta nueva vida si yo nunca la pedí?
                Me acurruque con la espalda apoyada en la pared, esperando a que con el tiempo me despertara de la pesadilla y volviese a levantarme de la cama para disfrutar de mi rutina. Esperaba  abrir los ojos para encontrarme con John a mi lado, levantarme y dirigirme al baño donde darme una ducha. Preparar el desayuno para los dos y hablar de lo que teníamos pensado hacer durante el día. Una vida que adoraba, que disfrutaba y de la que no deseaba alejarme por nada del mundo. La verdad… todo era posible.  

                El tiempo que transcurrió lo desconozco pero pude observar los rayos del amanecer entrar por la ventana situada a mi derecha. Esa luz apareció para iluminarme la realidad de los hechos. Los cadáveres seguían ahí. Aún no había despertado de la pesadilla. Estaba demasiado cansada por las miles de lágrimas que mi alma derramó a causa de  la culpabilidad que sentía mi corazón, agotada del hambre, y el sueño  me invadía, pero sobre todo estaba asustada por esa sensación embriagadora que me envolvía para atraerme utilizando esa aroma enloquecedora. Dejé que la debilidad me ganase y mi mano cayó al suelo bajo la luz del día, la misma que abrasó mi piel hasta chamuscarla. No sentí  dolor. Solo cerré mis ojos dejándome invadir por el agotamiento. Pensé que si había sido capaz de cometer tal crimen ya no me importaba regresar a la tumba de la cual salí.
  
                “Cruce la puerta del apartamento al mismo tiempo que me descalzaba los altos tacones negros. Eran los únicos zapatos que daban un toque elegante a mis pies en casos de importancia como lo eran los acontecimientos sociales o las entrevistas de trabajo. Solo podía permitirme permanecer tras una barra con un bajo salario pero suficiente si con ello podía permanecer al lado del hombre de mi vida. No había conseguido el trabajo de mis sueños pero si la vida perfecta. Que importaba si mi sueldo no ascendía de ochocientos dólares al mes y si no estaba invadida de lujos, cuando lo que más me importaba se encontraba delante de mí con sus brazos recibiéndome. John, amigos desde toda nuestra infancia y novios desde la adolescencia. Una de las personas más importantes que habían permanecido en mi vida. Me conocía tan bien por dentro que solo bastaba una mirada para que él comprendiera mis emociones. Si estaba triste,… él me animaba con una sorpresa en mano. Si sonría radiante de felicidad,… él estaba ahí para disfrutarla a mi lado. Si me sentía desolada por los recuerdos tristes…, él me rodeaba con sus fuertes brazos para hacerme sentir querida y amada. ¿Cómo puedo olvidar a esa persona? ¿Cómo puedo olvidar su rostro de esta mente atormentada? Su piel clara con sus facciones fuertes. Su cabello  negro como la noche, que siempre cortaba cuando le crecía. Esa mirada penetrante de ojos azules que me recordaban al mar de la playa en la que nos confesamos palabras llenas de ternura. Y la sonrisa con la que  hacía sentirme mejor persona. Ya no estaban más ahí porque yo había muerto. Muerta por fuera, muerta por dentro. Nada de humanidad en mi interior con el que poder adquirir las fuerzas necesarias para enfrentarme a la realidad. Solo quedaba intentar no olvidarle. No olvidar sus ojos y su sonrisa, porque una vez borrados ya no habría nada a lo que poder aferrarme que no fuese el horror de la sangre ensuciando mis manos. “ 
               
En medio de esa trágica realidad una voz apareció para ofrecerme su calidez. Para iluminarme un camino por el que salir de esa penumbra.
                _ Kimberly.
                Pronuncio mi nombre con dulzura y comprensión. Sin embargo, deseé que fuese la última vez que alguien se refería a mí con un nombre que ya no me pertenecía.  En el mismo momento que traspasé el ataúd con mis propias manos, fue cuando todo mi pasado quedó en un vago recuerdo de lo que fue y nunca será más. Un visto y no visto que debía asimilar para soportar la presión de un corazón carente de buenas emociones.
                Las manos de esa persona me envolvieron. ¿Un ángel sacándome del infierno? ¿Un protector aparecido en mitad de mi guerra interior? ¿Quizá una falsa esperanza de supervivencia? O puede que se tratase del mismo ángel de la muerte que por fin había venido en mi busca para llevarme al lugar al que pertenecía. Fuera lo que fuese solo podía dejar llevarme a arrastrar al lugar donde tenía pensado dejarme caer. Una vez consciente de mi muerte… ¿por qué seguir luchando?



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